A medio siglo del golpe de Estado de 1976, el dirigente del Partido Comunista Osvaldo Peula recuerda el secuestro que padeció durante ese año cuando era militante de La Fede: “Sabíamos que estábamos expuestos a caer alguna vez y que eso representaría lo que representó... los 30.000 desaparecidos lo comprueban”. Y asume la responsabilidad “de dar testimonio de todo esto, de transferir estas experiencias a las nuevas generaciones que hoy militan por un mundo sin explotación”.
Osvaldo Peula milita en el Partido Comunista desde marzo de 1970. El viernes 22 de octubre 1976 fue secuestrado junto Mario Benítez, un compañero del PC de Paternal ya fallecido. Dos días antes, habían presenciado juntos el debut de Diego Armando Maradona en la cancha de Argentinos Juniors. Osvaldo asume como parte de la vida ese tipo de paradojas: “mi secuestro está ligado a una cosa tan placentera como ver debutar al Diego”.
Durante la mañana aquel 22 de octubre, personal policial se lleva a Benítez y Peula de la esquina de Álvarez Jonte y Avenida San Martín, en el barrio donde militaban. Ya en la comisaría los identifican como militantes del PC y la Federación Juvenil Comunista y los envían a Coordinación Federal, un centro de detención cerca del Departamento de Policía.
Ahí fueron interrogados durante dos días, “al principio con buenos modales para que ‘colaborara’, lo que significaba delatar: me preguntaban por las casas, quiénes eran mis jefes, si había armas y sitios de reunión y como nada les dije me torturaron cinco veces durante esos días y al tercero nos sacaron en un Ford Falcon en el que a mí me metieron en el baúl y nos tiraron a los dos cerca de la cancha de River, donde en esa época había un basural”.
Pasó casi medio siglo. Peula continuó militando en las filas del PC donde, entre otras responsabilidades, supo asumir la de ser secretario Político del Partido en Ciudad de Buenos Aires durante los difíciles años del gobierno de Mauricio Macri y de la pandemia de Covid 19. Volviendo la mirada hacia aquellos días críticos de 1976, Osvaldo reflexiona: “Sabíamos que estábamos expuestos a caer alguna vez y que eso representaría lo que representó... los 30.000 desaparecidos lo comprueban”. Pero la formación iba de la mano del temple que, como tantos otros, Peula fue adquiriendo en su militancia. Años antes, había estado en Moscú, donde fue destacado para estudiar en la Escuela de Cuadros del Partido Comunista de la Unión Soviética para la juventud: el Konsomol. En cuanto a aquel secuestro y detención clandestina remarca que entonces “ya tenía bien definido mi perfil de militante que, a mis veintinueve años, me provocó toda una movilización interna, pero hasta el día de hoy continúo militando y lo voy a hacer hasta el fin de mis días”.
Aquella no fue la única vez que lo detuvieron. Durante 1980, se lo llevaron junto a otras cincuenta personas que participaban de una reunión. En esta ocasión, se vieron obligados a soltarlos porque el procedimiento fue público. Lejos de amedrentarse, Osvaldo redobló su convicción revolucionaria: “todavía sigo en pie, o puedo contar y me siento con la responsabilidad de dar testimonio de todo esto, de transferir estas experiencias a las nuevas generaciones que hoy militan por un mundo sin explotación… los objetivos e ideales de ellos son los mismos que teníamos cuando nosotros éramos pibes”.
Hoy Osvaldo Peula integra las filas del Movimiento Jubilados Liberación, que cada miércoles se planta contra las políticas de Milei, poniéndole el pecho a la represión: “aunque ahora no hay un gobierno militar, hemos retrocedido cincuenta años porque hay un gobierno de carácter fascista, proimperialista al que estamos combatiendo”.
El cuetido dirgente comunista tiene claro que la memoria de lo que pasó nos tiene que empujar hacia adelante: “cuando vamos a las movilizaciones como fue la de ayer con motivo del 24 de marzo, vemos que se incorporan muchos jóvenes, lo que nos permite ver que queda garantizado que aquello de Memoria, Verdad y Justicia va a regir por los siglos de los siglos, en nuestra historia y en nuestro país”. Lo que representa en sí mismo una victoria para la que Osvaldo Peula, junto a otros tantos camaradas, ha hecho un aporte imprescindible. Aporte que, como en la marcha de ayer, sigue haciendo todos los días, poniendo el cuerpo por una sociedad verdaderamente libre, sin explotadores ni explotados.
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