“Transitamos no sólo el camino de la búsqueda de justicia por el secuestro, la tortura y desaparición de mi abuelo”, ya que este juicio también “es un acto de reparación social por los 30.000 desaparecidos y desaparecidas, y por una sociedad que quedó fragmentada por el terrorismo de Estado”, reflexionó Luciana, la nieta de Luis Cervera Novo, uno de los militantes del PC que fueron secuestrados y desparecidos en el Centro Clandestino que funcionara en la calle Gregorio Pomar 4171/73 del barrio porteño de Pompeya. Ayer en Comodoro Py tuvo lugar la primera audiencia pública, donde estuvo presente una delegación del PCA.
“Este juicio es un momento bisagra, no es sólo una instancia judicial más, sino que es el resultado de décadas de lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia”, afirmó Luciana Cervera y recalcó la importancia de “no perder la esperanza ni los derechos que hemos conquistado y de custodiar cada avance como un patrimonio colectivo teniendo en claro que lo sucedido no puede naturalizarse”. El juicio que comenzó desde hace un mes y medio examina los crímenes que fueron perpetrados en los centros clandestinos Automotores Orletti y Base Pomar, que durante el terrorismo de Estado dependían de la Secretaría de Inteligencia del Estado. Ayer, lunes 30 de marzo, se realizó la primera audiencia pública en Comodoro Py, que contó con la presencia de una delegación del Partido Comunista de la Argentina encabezada por Ariel Elger, Secretario Político del Regional Capital, Antonella Bianco, Secretaria Sindical del PC CABA y Solana López, Secretaria de Géneros.
Durante este juicio se analizan desapariciones, privaciones ilegales de la libertad y tormentos en 88 casos, además de dos episodios vinculados a la sustracción y ocultamiento de menores de diez años, hechos que tuvieron como eje al engranaje represivo que se articuló desde las dependencias de inteligencia y centros clandestinos del esquema que partía de la Side para pasar por el Jardín de Bacacay, Orletti y la Base Pomar, circuito que además formaba parte de la coordinación del Plan Cóndor en Argentina.
En el banquillo de los acusados se sientan los ex agentes de la Side César Estanislao Albarracín, Rubén Héctor Escobar y Patricio Miguel Finnen junto a Julio César Casanova Ferro, personal inorgánico de Inteligencia. Entre los crímenes por los que deben responder están aquellos de la Base Pomar, que es donde permanecieron secuestrados los militantes del Partido Comunista Carmen Román, Juan Carlos Comínguez, Luis Cervera Novo, Ricardo Isidro Gómez, Juan Cesáreo Arano, Miguel Prado y Miguel Lamota.
Prado, Lamota y Comínguez pudieron sobrevivir pero los restantes no tuvieron la misma suerte. Y fue Comínguez quien casi medio siglo más tarde volvió a entrar al edificio de la calle Pomar 4171/73, esa vez junto con el juez Daniel Rafecas y el equipo del juzgado a su cargo, para reconocer el sitio en el que había estado detenido ilegalmente.
“Mi abuelo vivía en Lomas de Zamora, militaba con convicción política, con una mirada del mundo siempre atravesada por la justicia social y la organización colectiva”, señaló Luciana Cervera Novo y recordó que desde que fue secuestrado “toda la familia emprendió su búsqueda; mi abuela Haydée, su compañera, durante veintisiete años recorrió comisarías, consulados, iglesias, dependencias militares y murió sin poder tener respuestas definitivas”.
Además de ser una militante social comprometida, Luciana es actriz y dramaturga. Ella escribió y protagoniza “Luisa”, una obra en la que da cuenta de su historia familiar a través de la mirada de su bisabuela, una migrante española que llegó a la Argentina en las primeras décadas del siglo pasado cargando a su pequeño hijo, Luis Cervera Novo, y en la que se logra transmitir con una notable cercanía al público el nudo de sentimientos trágicos y esperanzadors que se vivían durante los años del terrorismo de Estado de la última dictadura en nuestro país.
Esa historia se proyecta al presente y un capítulo de ella tuvo un momento clave cuando en 2022 la pesquisa encabezada por Rafecas permitió dar con el lugar donde funcionara la Base Pomar. “Se descubrió el que fuera el centro clandestino de detención donde estuvieron él y sus compañeros y ahora con el juicio, transitamos no sólo el camino de la búsqueda de justicia por el secuestro, la tortura y desaparición de mi abuelo”, ya que también “es un acto de reparación social por los 30.000 desaparecidos y desaparecidas, y por una sociedad que quedó fragmentada por el terrorismo de Estado”.
Por lo que no dudó al afirmar que se trata de “un momento de mucha emoción, de mucho dolor, pero donde también hay esperanza y la firme decisión de no aflojar”. Para dar cuenta de esto, la actriz y militante social, contó que “intentamos acompañar cada audiencia para que el juicio no pierda atención y respaldo social, porque entendemos que la Memoria no se sostiene sola y que necesita compromiso activo”.
Al respecto, subrayó que “en mi familia la lucha siempre fue permanente y esperamos que estos cuatro agentes de Inteligencia responsables de aquellos crímenes reciban la mayor condena y que, en algún punto, sobre todo mi abuela que no pudo ver estos avances en la búsqueda de su compañero tenga un poco de reparo...estas son nuestras sensaciones: las de esperanza y emoción por un momento que es muy conmovedor para todos y todas y que transitamos en familia, unidos y comprometidos”. Por último, sostuvo que “en el marco de estos cincuenta años del aniversario del golpe de 1976, estamos comenzando a tener cierta reparación que esperamos ayude a sanar nuestras heridas”.
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