Derechos Humanos

Masacre de Budge: Agustín, Roberto y Oscar, siempre presentes

Masacre de Budge: Agustín, Roberto y Oscar, siempre presentes
19 de Mayo de 2026

“El Gatillo Fácil no es un error, sino una política de Estado que hay que derrotar”, advirtió desde la Liga Argentina por los Derechos Humanos Rodrigo Ríos, al participar de la jornada convocada para recordar a los pibes asesinados en la Masacre de Budge.

Hace 39 años Argentina vivía un momento muy particular, la primavera alfonsinista iba languideciendo mientras que la inflación comenzaba a crecer vertiginosamente causando estragos en los bolsillos de los trabajadores y, en esos días, aún estaba muy fresco lo sucedido en Semana Santa con el levantamiento carapintada que provocó como reacción una formidable movilización popular. Pero también el “felices pascuas, la casa está en orden” con el que desde el balcón presidencial se inauguraba un nuevo momento, a partir del cual el gobierno nacional asumía que no estaba decidido a enfrentar al poder real que había sostenido a la dictadura y que tras la Guerra de Malvinas y la presión social en aumento, había concedido la salida electoral de 1983.

Con este telón de fondo, en una localidad periférica del partido de Lomas de Zamora, era perpetrada la Masacre de Budge: un hecho en el que una patota policial, envalentonada por el retroceso político en relación al juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el terrorismo de Estado, asesinó a tres pibes que estaban conversando en una esquina. La policía heredera de Ramón Camps quiso hacer pasar este crimen como un enfrentamiento, por eso, luego de acribillarlos, plantaron armas cerca de los cadáveres de Agustín Olivera, Roberto Argañaraz y Oscar Aredes. Sin embargo, la rápida reacción popular y la organización de los vecinos hizo que esa historia tan lamentable como habitual se torciera. En esto un papel central fue el que jugó el abogado comunista León “Toto” Zimerman quien, pese a las presiones y amenazas, logró desmenuzar y exponer la trama que pretendió evitar que el caso se esclareciera.

Por esta masacre fueron llevados a juicio y condenados a once años de prisión los ex policías bonaerenses Juan Ramón Balmaceda, Juan Alberto Miño e Isidro Rito Romero, quienes terminaron siendo encarcelados recién después de varios años, en los que las chicanas judiciales les siguieron brindando impunidad antes de que sus condenas finalmente quedaran firmes. Romero fue a la cárcel en 1998, mientras que Miño y Balmaceda se mantuvieron prófugos hasta 2006.

Este hecho marcó un antes y un después en varias cosas. Ingeniero Budge nunca volvió a ser el mismo, ya que sus vecinos experimentaron un salto en su propia conciencia de clase que se fue construyendo a partir de la movilización popular para exigir justicia. Las características del crimen, asimismo, fueron conceptualizadas por Zimerman con una fórmula que el léxico jurídico hizo suyo: “Gatillo Fácil”. Desde entonces, esa es la manera con que se describe a este tipo de crímenes perpetrados por fuerzas estatales. En tanto que cada 8 de mayo, en conmemoración a la fecha de la Masacre de Budge, ocurrida en 1987,  se conmemora el Día Nacional de la Lucha contra la Violencia Institucional.

Para ese día las calles de Ingeniero Budge vuelven a ser escenario de la movilización y, aunque esta vez la cita debió postergarse por una semana debido a las lluvias, el sábado pasado los vecinos volvieron a salir en memoria de Agustín, Roberto y Oscar. Para decir “Presentes ahora y siempre” y para repudiar la violencia institucional que persiste como práctica recurrente por parte de las fuerzas policiales que hoy, como pocas veces desde 1983, tienen rienda suelta para reprimir.

Entre quienes se dieron cita el sábado estuvieron la Liga Argentina por los Derechos Humanos (LADH), la Correpi, el Partido Comunista e HIJOS. Desde la Liga, Rodrigo Ríos recordó que “a Agustín Olivera, El Negro, que tenía veintiséis años, lo mataron de doce balazos y a Oscar, que tenía diecinueve años, le dieron siete”, mientras que “a Roberto, que le decían El Willy y tenía veinticuatro, le disparan en la pierna y lo subieron en una camioneta para llevarlo a otro lugar donde lo asesinaron de tres disparos en la cabeza”.

Ríos conoce la localidad ya que es el lugar donde se crió y donde, cada 8 de mayo, bajo la convocatoria de la Comisión de Vecinos está siempre presente. “Fui primero con mi mamá, después ya por mi cuenta, con el Partido y la Liga, nos juntamos, tocan bandas musicales, nombramos a Agustín, Oscar y Roberto, los recordamos y estamos presentes junto a otras organizaciones como HIJOS”, contó Ríos sobre estos actos que para el barrio y su militancia son una cita de honor. En este marco, el integrante de la LADH remarcó que cada año también se le rinde homenaje “a lo que fue una lucha vecinal que le puso un freno al Estado que ampara un accionar policial que persiste, como lamentablemente vemos todos los días con ejemplos como el del compañero Pablo Grillo, los operativos de la semana pasada en villas de la Ciudad y la policía que continúa amedrentando a quienes se quieren ganar el mango diario vendiendo lo que pueden en las calles para que sus hijos puedan comer”.

En este contexto, hizo referencia a que “la forma de ponerle freno a todo eso es lo que en aquel momento se hizo en Budge, porque muchos vecinos fueron intimidados, amenazados y a algunos los intentaron comprar con dinero para que no declararan, pero nunca se doblegaron y con ayudas como las recibidas desde la Liga, por la actitud de Toto Zimerman y la creación de la Comisión Vecinal, lograron establecer algo de justicia”. E insistió en que “fueron los barrios, las familias y las organizaciones las que consiguieron esa victoria”. A casi cuatro décadas, el ejemplo de aquella experiencia de poder popular que le torció el brazo a la impunidad es un espejo donde mirarnos. Por eso, Rodrigo Ríos puso el acento en la importancia de sacar enseñanzas de esa lucha. Porque “el Gatillo Fácil no es un error, sino una política de Estado que hay que derrotar”.

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