Política

Milei acelera y profundiza la injerencia militar de Estados Unidos

Milei acelera y profundiza la injerencia militar de Estados Unidos
04 de Junio de 2026

Un reciente acuerdo entre la Armada nacional y la Cuarta Flota de Estados Unidos ratifica el alineamiento automático del gobierno de Javier Milei con la estrategia global del régimen de Donald Trump. Elsa Bruzzone, Secretaria del Centro de Militares para la Defensa de la Democracia Argentina, advierte sobre el papel que el imperialismo le asigna a nuestro país en el marco de la defensa de sus posiciones frente a su hegemonía en declive. En tal sentido, afirma que EEUU nos concibe como “carne de cañón para sostener sus guerras coloniales”.

El reciente acuerdo firmado entre la Armada Argentina y la Cuarta Flota del Comando Sur de los Estados Unidos, que define al Mar Argentino como un “bien común global”, constituye un paso más en la cesión de soberanía que impulsa el gobierno de Javier Milei. Bajo el pretexto de cooperación tecnológica, entrenamiento militar y asistencia frente a supuestas “amenazas”, se consolida una inserción subordinada en la estrategia de seguridad hemisférica de Washington, particularmente en el marco de la coalición “Escudo para las Américas”, promovida por Donald Trump. Este acuerdo, que le abre una ruta de acceso directo a las Malvinas y la Antártida Argentina a los EEUU, no puede analizarse de manera aislada, sino como parte de una reconfiguración geopolítica más amplia en la que nuestro continente vuelve a ser concebido como retaguardia estratégica y reserva de recursos para Washington, como ya se anticipaba en su documento de Estrategia Nacional publicado a fines del año pasado y como se reafirmó en los hechos con el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores y el recrudecimiento del bloqueo a Cuba. De esta manera, la Casa Blanca pasa a la ofensiva para defender su posición imperial frente a la pérdida de su hegemonía. En este esquema, Argentina adquiere un lugar relevante por su ubicación, sus riquezas naturales y su proyección sobre áreas clave del sistema internacional. La figura de Milei aparece, así como la de un ejecutor local de intereses externos, un verdadero virrey del imperio yanqui en el Cono Sur.

En este contexto la voz de Elsa Bruzzone, Secretaria del Centro de Militares para la Defensa de la Democracia Argentina (CEMIDA) e integrante del Consejo Consultivo del Movimiento por la Paz, la Soberanía y la Solidaridad entre los Pueblos (MOPASSOL); resulta una guía para comprender el trasfondo de esta contraofensiva del imperialismo yanqui ante el surgimiento y desarrollo de un mundo multipolar. La especialista en geopolítica, estrategia y defensa nacional, aseveró que “detrás de esto subyace un hecho fáctico: que Estados Unidos se está preparando para una guerra con China, una hipótesis de conflicto que considera posible en un horizonte relativamente cercano”. Así el acuerdo militar debe ser comprendido como parte de un movimiento de anticipación, en el que Estados Unidos reorganiza sus alianzas, despliega capacidades y asegura posiciones en función de un eventual conflicto de gran escala. En efecto, el acuerdo implica presencia militar y la construcción de condiciones materiales y políticas para sostener una confrontación prolongada con China. En ese marco, América Latina —y particularmente Argentina— es concebida como un espacio funcional a esa estrategia. La política exterior del gobierno actual no solo convalida este diagnóstico, sino que lo profundiza mediante decisiones concretas que comprometen gravemente la soberanía nacional.

Bruzzone fue aún más explícita al señalar que “de la misma manera en que utilizaron y siguen utilizando a Ucrania —Estados Unidos y la OTAN— contra Rusia, no cabe duda de que están pensando en que nosotros pasemos a ser la carne de cañón para sostener sus guerras coloniales e imperiales. En este caso, en última instancia, se trataría de un enfrentamiento contra China”. La comparación con Ucrania no es casual ni retórica, sino que apunta a mostrar un patrón de intervención indirecta donde terceros países asumen los costos humanos y territoriales de conflictos definidos por las grandes potencias. En esta lógica, Argentina no solo aportaría recursos estratégicos, sino también contingentes humanos. Se configura así una subordinación integral que combina dependencia económica, alineamiento político y disponibilidad militar. El acuerdo con la Cuarta Flota aparece entonces como un eslabón más en esta cadena de integración subordinada a la política imperial de Estados Unidos.

Bruzzone también advirtió que “se configura así una lógica en la que nuestros territorios son concebidos como fuente de reservas y de recursos, del mismo modo en que intentaron hacerlo con Venezuela para luego proyectarse hacia Irán”. La disputa entonces no se limita únicamente al plano militar. Incluye también una dimensión económica profundamente extractiva. En esa misma línea, afirmó que “para ellos no se trata solamente de la riqueza natural, sino también de la posibilidad de utilizarnos como fuerza humana en una guerra que consideran cada vez más probable”. El doble movimiento que describe es claro. Por un lado, apropiación de recursos, por el otro, utilización de población como fuerza de combate. Esta dinámica implica un proceso de saqueo y devastación que se articula con una militarización creciente del territorio. La Argentina, bajo la conducción de Milei, se inserta activamente en este esquema sin mediaciones ni resistencias.

La cuestión de las Islas Malvinas y de Tierra del Fuego adquiere, en este escenario, una centralidad decisiva. Bruzzone subrayó que “Argentina presenta una particularidad en América Latina y también a nivel global por la cuestión de las Islas Malvinas”, cuya ubicación implica “la existencia de una base militar de la OTAN en el Atlántico Sur, en un punto altamente estratégico”. A esto se suma el avance de la explotación petrolera en la zona, lo que refuerza el interés de las potencias por consolidar su presencia. En palabras de la especialista, “la ocupación de Malvinas adquiere entonces una relevancia central en este escenario geopolítico, no solo para el Reino Unido, sino también para Estados Unidos, en tanto aliado estratégico dentro de la OTAN”. El reforzamiento del control británico sobre las islas, con aval norteamericano, se articula así con una estrategia más amplia de dominio del Atlántico Sur. En paralelo, el interés de la IV Flota por instalar una base en Tierra del Fuego confirma la intención de consolidar un enclave operativo en el extremo sur del continente.

Desde el punto de vista estratégico, la región constituye un epicentro geopolítico fundamental. Bruzzone explicó que “los puntos estratégicos son múltiples: Malvinas, Ushuaia y su proyección hacia la Antártida”, donde se concentran recursos clave para la economía y la industria mundial. Asimismo, destacó que “el dominio del Estrecho de Magallanes y del Canal de Beagle permite además la conexión entre los océanos Atlántico y Pacífico”, lo que convierte a la zona en un corredor bioceánico de enorme valor. En sus términos, “desde el punto de vista estratégico, se trata de un verdadero pivote de poder mundial”.

Finalmente, Bruzzone advirtió sobre el contexto global en el que se inscribe esta ofensiva. Sostuvo que “Estados Unidos atraviesa un proceso de declive” y que es “un tigre con dientes y garras de papel”, aludiendo a sus dificultades para sostener su hegemonía. En ese sentido, señaló que “este declive no implica una caída inmediata, pero sí el inicio de un proceso de deterioro estructural”, acompañado por tensiones internas y externas. Esta situación, lejos de moderar su accionar, parece intensificar su política exterior agresiva y su búsqueda de control sobre regiones clave para su plan de dominación. Nuestra América, y particularmente Argentina, aparece nuevamente como un territorio en disputa, prioritario para el imperialismo yanqui.

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