Carlos "Indio" Solari, mítico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, falleció este viernes en su casa de Parque Leloir, en el oeste del conurbano bonaerense, a los 77 años. Referente indiscutido de la música y la cultura popular argentina, dejó una huella imborrable con una obra que marcó a fuego a varias generaciones y representó una bisagra en la historia de nuestro rock.
Solari padecía de Parkinson y se había retirado de los escenarios en 2017. Sin embargo, desde entonces siguió cantando esporádicamente junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, con su filosa voz siempre impecable, a través de apariciones en video en los recitales de la banda. La última de ellas fue en diciembre de 2025 en su querida ciudad de La Plata, donde interpretó “Nike es la cultura” y los hits ricoteros “Tarea Fina” y “Pool, Averna y Pausa”. De esas participaciones sorpresivas donde emergía desde la pantalla para sumarse a su banda tocando en vivo, de 2017 hasta esta última del año pasado, resulta imposible no mencionar la que puede ser considerada como su canción de despedida, “Encuentro con un Ángel Amateur”, que fue parte de la lista de temas que Los Fundamentalistas presentaron en el show por streaming en plena pandemia, en 2021. “Yo ya no puedo cumplir, hazañas que prometí, solo seguir cantando…”, entonaba en su estribillo.
Su legado artístico y cultural seguirá resonando en cada canción, en cada recital tributo y en la memoria compartida por millones de seguidores. El dolor de sus amantes, de esa banda inconsolable de “prometidos en carne y lánguidos impalpables”, hoy invadió de mensajes las redes sociales para despedirlo, para recordarlo, para traerlo de nuevo y pedirle otra. Al cierre de esta edición, sus fieles ya se concentraban en las inmediaciones de Plaza de Mayo para una “misa ricotera” autoconvocada por las redes.
La poesía de Solari, cargada de imágenes, hablaba muchas veces más de los sueños, de los sufrimientos y de las alegrías de su banda de seguidores queriendo rajarse del cielo que les proponía y les propone este sistema, que de su propia experiencia personal. "En vez de bajarles línea a los chicos, hay que escucharlos, porque en sus nervios hay mucha más información del futuro que la que puede aconsejar un tipo de mi edad", dijo alguna vez, en una conferencia de prensa en 1997, después de que se suspendiera un recital en Olavarría a causa de la represión de la maldita policía bonaerense.
En todo caso, esa bajada de línea que aparecía metafórica o hasta subliminalmente en su lírica era producto de una observación sociológica y poética a la vez que no venía de otro lugar que de los nervios de esos pibes. En ningún caso era una bajada panfletaria. Ni cuando le cantó en uno de los discos más emblemáticos de Los Redondos, o tal vez el más emblemático de todos, a la revolución bolchevique de “Oktubre”. Tampoco cuando, en “El Infierno está encantador”, en ese mismo álbum, explicaba la plusvalía preguntando en una frase: “¿pueden acaso beber el vino por ustedes envasado?”.
La poesía de Solari hablaba también de su compromiso, que expresó principalmente por medio de su obra artística ya desde sus primeros pasos en el “under”, lejos de la banca de millones de seguidores, y en plena dictadura. Pero también, de tanto en tanto, con las declaraciones que hacía debajo de los escenarios. En su juventud, mucho antes de ser el Indio, Carlos Solari militó en la Federación Juvenil Comunista en su Entre Ríos natal y en su ciudad adoptiva de La Plata, donde estudió en el Instituto de Bellas Artes de la UNLP.
En una muestra más de su desprecio a los artistas populares y a toda expresión de la cultura de izquierda, el gobierno de Javier Milei negó hoy que el velatorio del líder de Patricio Rey y sus Rendonditos de Ricota se hiciera en el Congreso, como había solicitado su familia. Y como desde ya se merecía un artista de culto, de su nivel y con un arraigo inmortal en todo un pueblo.
Vale la ocasión cerrar esta nota recordando entonces también unas palabras que el Indio les dedicara a los muchos aplaudidores que, por ahora, sigue teniendo la banda que hoy gobierna la Argentina. No para señalar culpas ni apuntar a nadie con el dedo. Para seguir abriendo cabezas y corazones. Para invitarlos, por qué no, a sumarse a compartir el pogo más grande del mundo.
Los enamorados de la motosierra.
Hay gente capaz de festejar la demolición mientras todavía le cae polvo sobre los hombros. Defienden la motosierra como si fuera una reliquia sagrada, aunque cada diente del acero les vaya mordiendo un pedazo de futuro. La levantan como bandera desde cocinas cada vez más silenciosas, desde trabajos que ya no alcanzan, desde barrios donde la esperanza aprende a caminar con muletas.
Creyeron que el corte tenía destinatarios selectos. Que la factura siempre la iba a pagar otro. Que el frío se detenía en la puerta de los vecinos.
Pero la motosierra no tiene amigos. No reconoce aplausos. No devuelve favores. No distingue entre el que la empuña y el que la celebra. Para ayudar a seguir abriendo los ojos
Corta
Y sigue cortando.
Corta derechos, proyectos, certezas y hasta esos pequeños lujos invisibles que hacen más llevadera la vida. Después deja a todos mirando el mismo horizonte pelado, preguntándose en qué momento confundieron la demolición con el progreso.
Lo más extraño no es el daño. Lo más extraño es ver a algunos agradeciendo cada golpe, defendiendo cada herida, justificando cada ausencia como si el sacrificio fuera una virtud y no una deuda que nunca termina de cobrarse.
Mientras tanto, la realidad avanza despacio. Llega la cuenta. Llega el alquiler. Llega la heladera que ya no disimula el vacío. Llega el sueldo que envejece antes de fin de mes. Y cuando las excusas empiezan a desarmarse solas, queda una pregunta flotando sobre los restos.
Si la motosierra venía a salvarte... ¿por qué cada día tenés menos cosas que salvar?
C.S.
2026 | Partido Comunista de la Argentina. Rosario