Se trata de una sustancia sumamente letal y prohibida por convenios internacionales que el régimen de Benjamín Netanyahu utiliza sobre la población civil de Líbano. Pese a eso, esta semana Javier Milei volvió a reafirmar por enésima vez su apoyo al Estado de Israel.
Continúa la ofensiva del Estado de Israel contra el Líbano. En este contexto, días atrás The New York Times publicó pruebas documentales suministradas por diferentes organizaciones humanitarias que actúan en ese territorio, que dan cuenta de que el ejército israelí dispara sistemáticamente sobre la población libanesa fósforo blanco. Esto es una sustancia incendiaria y prohibida por diferentes convenciones internacionales, como el Protocolo III de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales y los Covenios de Ginebra. Según los documentos dados a conocer, Israel perpetra esta masacre sobre zonas pobladas del sur libanés.
Al respecto, The New York Times detalló que el 30 de mayo se pudo observar en Nabatieh, una ciudad que tiene aproximadamente cuarenta mil habitantes, estelas de humo que son características del uso de este tipo de munición, que resultaron grabadas mientras las fuerzas israelíes atacaban el Castillo de Beaufort, un lugar emblemático de esa zona que finalmente fue tomado por los invasores.
Imágenes similares exhiben con claridad que desde marzo las fuerzas sionistas también atacaron con fósforo blanco en las inmediaciones de la ciudad costera de Tiro, así como al menos otras tres localidades: Qlayaa, Khiam y Yohmor.
¿Pero qué características particulares tiene el fósforo blanco? Se trata de una sustancia letal que, una vez expuesta al aire, espontáneamente se inflama. De esta forma resulta muy difícil de extinguir, más aún cuando se lo utiliza en zonas pobladas, tal como lo hace Israel al emplear proyectiles de artillería M825A1 de fabricación estadounidense que contienen 116 cuñas recubiertas de fósforo blanco que, al fragmentarse, dispersan su carga en el aire, lo que amplía su efecto incendiario.
Por su parte, sin tomar cuenta de tanta barbarie y en simultáneo a ella, Javier Milei volvió a reafirmar por enésima vez su alineamiento con el régimen fascista de Benjamín Netanyahu cuando el lunes pasado encabezó el “Tributo al Rebe de Lubavitch”, celebrado en conmemoración del 32 aniversario del fallecimiento del rabino Menajem Mendel Schneerson, a quien el actual presidente de Argentina reconoce como una suerte de guía espiritual.
En ese acto Milei hizo hincapié en que el capitalismo es “el sistema que Dios preparó”, el que permite “traer el paraíso a la tierra”. En el acto expuso el ex militar israelí Yosef Chaim Ohana, a quien recibió posteriormente en Casa Rosada junto a delegaciones que viajarán a los Juegos Macabeos.
Mientras tanto, en Israel el Frente Democrático por la Paz y la Igualdad (Hadash), que entre otras fuerzas integra el Partido Comunista, instó a que Netanyahu “detenga de inmediato la peligrosa y deliberada escalada que amenaza con arrastrar a toda la región a otra guerra total”. Y subrayó que producto de estas atrocidades “la población civil, tanto local como regional, pagará un alto precio”. Ante este escenario que ya viene configurándose en los hechos, exhortó a la comunidad internacional de que “ha llegado el momento de dejar de respaldar automáticamente políticas destructivas que conducen a un derramamiento de sangre interminable y, en cambio, luchar por acuerdos diplomáticos, verdadera seguridad y paz”.
En respuesta a estos incesantes ataques criminales del sionismo contra el Líbano, la República Islámica de Irán no se quedó de brazos cruzados y respondió en los últimos días con bombardeos sobre Tel Aviv que vulneraron sus defensas aéreas. Lo hizo luego de que las advertencias de Teherán para que se pusiera fin a la escalada belicista israelí sobre varias ciudades libanesas fueran desoídas en reiteradas oportunidades. La espiral de guerra siguió in crescendo en Medio Oriente y el proveedor de fósforo blanco y socio estratégico de Israel, EEUU, retomó su agresión militar contra la nación persa. Todo a horas del inicio del Mundial de Fútbol que tiene a los Estados Unidos como sede y al líder de este Imperio genocida, Donald Trump, premiado por la FIFA por su “aporte a la paz munidal”.
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