A 206 años del paso a la inmortalidad de Belgrano, el histriador Horacio López repasa en la siguiente columna la obra de uno de los grandes patriotas del proceso de Mayo, que puso su vida al servicio de la revolución, la soberanía y la libertad y se erigió como una figura clave en las luchas por la Primera Independencia de Nuestra América. Revisitar y estudiar su legado es una tarea más que necesaria en tiempos en los que el neocolonialismo avanza.
El 20 de junio se cumplen 206 años de la muerte de Manuel Belgrano, quien ocupa el podio de los mayores próceres argentinos junto a Mariano Moreno y San Martín. Fue el intelectual más profundo en la época de la pre revolución y durante la misma revolución de 1810. Estudió en Salamanca y Valladolid, España, en la época en que Europa se convulsionaba con las ideas del Iluminismo. Pudo conocer a fondo las más avanzadas teorías económicas del momento. Recibido de abogado pasó a Madrid, donde bullían las propuestas más progresistas del liberalismo español.
Las ideas de la Revolución Francesa entran como un alud a España. Las banderas de libertad, igualdad, fraternidad se apoderan de esa generación leguleya que veía tiranos en todos aquellos que se opusiesen al disfrute pleno de los derechos del hombre. Manuel no fue la excepción; leyó las obras de los principales autores del iluminismo francés; entre ellos el “Contrato Social” de Juan Jacobo Rousseau, en donde se planteaba que la autoridad y la soberanía no se la otorgaba Dios al Rey de turno, sino que residían en el pueblo, concepto que trastocaba todo el orden establecido en las monarquías absolutas reinantes en Europa.
Ideas avanzadas sobre economía y educación
Cuando fue nombrado al frente de la Secretaría del Consulado de Buenos Aires en 1794, creyó que desde ese puesto podría ayudar mucho a la situación de la gente de la colonia. Pero pronto se dio cuenta de que esas instituciones reales solo perseguían el objetivo de afianzar el colonialismo. Se propuso entonces al menos difundir sus ideas aprovechando su cargo y los periódicos existentes en Buenos Aires. En la Memoria al Consulado en 1802 propuso una Reforma Agraria basada en la expropiación de las tierras baldías y las no cultivadas: “Esto lo hemos de conseguir obligando la venta de los terrenos que no se cultivan, al menos en una mitad, si en un tiempo dado no se hacen plantaciones por los propietarios; y mucho más se les debería obligar a los que tienen sus tierras enteramente desocupadas”. Le daba importancia a darle valor agregado a la producción; escribió en la Memoria citada: “Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus estados sin manufacturarse”.
Su obsesión era la educación; crear escuelas de todo tipo. Así logró que el Consulado aprobara una escuela de Geometría y Arquitectura, pero la monarquía española lo aceptó con la condición de que los honorarios del Director debían correr por quien lo propusiera, o sea el mismo Belgrano. También fundó una escuela de Dibujo y otra de Náutica. Esta última tenía especial importancia porque significaba que los prácticos que entraran los barcos a puerto y muchos capitanes serían criollos en el futuro. Evidentemente eran medidas que no convenían a la Corona, ya que a mediados de 1807 llegaron órdenes terminantes desde España mandando suprimirlas.
El gran escándalo llegó, producido ya el hecho revolucionario, cuando apareció en julio de 1810 en el número 21 del Correo del Comercio, un artículo de su autoría titulado “Escuela de Niñas”. Aclaremos que en el Virreinato no se les impartía educación escolar a las mujeres. Allí escribía: “¿Pero cómo formar las buenas costumbres con uniformidad? ¡Qué pronto hallaríamos la contestación, si la enseñanza de ambos sexos estuviera en el pie debido! Mas por desgracia el sexo que principalmente debe estar dedicado a sembrar las primeras semillas lo tenemos condenado al imperio de las bagatelas”.
La Revolución
Tuvo una activa participación en los sucesos revolucionarios de Mayo. Hay una anécdota que no se conoce mucho: cuando los patriotas discuten en el Cabildo la convocatoria a un Cabildo Abierto, los jóvenes chisperos organizados y armados por el coronel French están expectantes para saber si los realistas acceden al pedido; de no producirse tal petición, la orden era tomar el Cabildo por las armas. El encargado de dar la noticia de esa negativa era Belgrano asomándose a un balcón agitando un pañuelo.
Manuel Belgrano integró la primera Junta Revolucionaria el 25 de mayo de 1810. Poco después, sin tener preparación militar, aceptó ponerse al frente de la expedición al Paraguay, cuando el gobernador de dicho territorio, Bernardo de Velazco, envió sus milicias sobre Corrientes. Aceptó tal responsabilidad, primero para no negarse ante su amigo Mariano Moreno que fue quien se lo pidió; segundo para que no se pensase que quería quedarse en Bs. As. para disfrutar de las comodidades del poder, y tercero porque entreviendo una semilla de desunión entre los integrantes de la Junta, era más conveniente estar lejos que verse involucrado en disputas intestinas. La campaña al Paraguay introdujo las semillas de la revolución, primero entre los aborígenes; los pueblos celebraban a su paso a este ejército de libres. Al llegar a Corrientes, siempre alerta el espíritu civilizador, Belgrano dispuso el trazado definitivo de dos pueblos, Curuzú Cuatiá y Mandisoví, fundó escuelas con sus reglamentos, liberó a los guaraníes esclavizados, entregándoles tierras para ser cultivadas. En Itapúa, donde se prepara para las futuras acciones militares, aún halla tiempo para redactar un histórico y humano documento, el Reglamento para los indios de las Misiones. También esas semillas revolucionarias prenden en Asunción. A pesar de que Belgrano fue derrotado en su campaña quedaron allí dos posturas: las de los porteñistas, favorables a la Revolución de Mayo, y la de los autonomistas; pero ambas contra la Corona española.
Cuando Belgrano regresa a Buenos Aires se le inicia un juicio por su actuación militar en la campaña. Estamos en junio de 1811; Moreno había sido asesinado y Castelli había sido destituido producto de la derrota de Huaqui, encarcelado y padeciendo también un juicio. La revolución, por esos días, parecía que agonizaba. No había acusaciones concretas, sino una maquiavélica conspiración contra el general. Fueron entonces los oficiales que actuaran bajo las órdenes del acusado quienes presentaron un escrito declarando que “no había ni un oficial ni un soldado que tuviera la menor queja contra él”. Agregaba el escrito “el heroísmo con que Belgrano logró que nuestras armas se cubriesen de gloria en los memorables ataques de Candelaria, Paraguarí y Tacuarí”. Finalmente el juicio culminó con la absolución de Belgrano. Quedaba claro que la maniobra perseguía defenestrarlo y encarcelarlo. Los enemigos de la revolución, los mismos que habían asesinado a Moreno en alta mar, habían enjuiciado a Castelli, habían desterrado a Domingo French, confinado a lejanos lugares a Beruti y Donado, encarcelado a Larrea, visualizaban en Belgrano un peligroso enemigo.
La Bandera y la guerra en el norte
Luego viene la etapa de estar al frente del Ejército Auxiliar del Norte, que debería detener la ofensiva goda. Belgrano crea la bandera y la iza en las barrancas del Paraná, como un mensaje directo a la Junta de Gobierno timorata y conciliadora que gobernaba Buenos Aires, en donde en la fortaleza seguía ondeando la bandera española. Belgrano les muestra la decisión de avanzar hacia la independencia total, la soberanía y la libertad. Rivadavia y el Triunvirato le prohíben usarla y exhibirla, hasta que la Asamblea se la autorice.
Con un Ejército diezmado, desarmado, sin uniformes ni pertrechos, produce el hecho de armar un ejército en condiciones de enfrentar a los españoles. Tiene la ayuda de Martín Miguel de Güemes con sus gauchos y baqueanos, de Juana Azurduy y sus amazonas e indígenas . Y entonces viene la proeza del Éxodo jujeño: un Pueblo junto a su Ejército revolucionario dejan tierra arrasada a los godos para desplazarse hacia Tucumán y generar mejores condiciones para enfrentar al enemigo. Luego, los triunfos patriotas en las batallas de Tucumán y Salta, que consagran la fama de Belgrano y su Ejército Auxiliar. Las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma recrudecen las animosidades retrógradas contra la revolución y el Segundo Triunvirato inicia una causa sumaria para ver las causas de esas derrotas, haciendo centro obviamente en Belgrano. Conforma una Comisión para que se instale en Tucumán a investigar. No encuentran pruebas que lo incriminen al general y el Triunvirato debe sobreseerlo antes de que el clima popular se les vuelva en contra, ya que Belgrano ya era un héroe popular. Segundo juicio que debió padecer injustamente Manuel Belgrano. Cuánta injusticia, calumnias, ataques que debió soportar un verdadero revolucionario que fue siempre fiel a sus convicciones profundas por la lucha contra la colonia, por la independencia y la soberanía americanas.
Propuesta de Sudamérica unida
El otro tema a destacar en la actuación de este gran patriota revolucionario fue su participación en julio de 1816 en el Congreso de Tucumán, donde se discutía la independencia y la forma de gobierno. Hay que tener en cuenta el contexto en esa época, para entender la propuesta que hizo Belgrano a los diputados congresales: Napoleón había sido derrotado y surgía con fuerza en Europa la Santa Alianza, defensora de las monarquías absolutas y enemiga de todo proceso revolucionario. La única región que continuaba luchando en América era Buenos Aires y su extensión en el ex virreinato del Río de la Plata. En 1814 los realistas habían recuperado Chile en la batalla de Rancagua. La Banda Oriental estaba amenazada por los portugueses. En el Alto Perú Pezuela había derrotado a Rondeau en Sipe Sipe, y en México corría igual suerte el revolucionario Morelos. Los realistas triunfan a su vez en Venezuela y Bolívar se tiene que exiliar en Jamaica.
En reunión secreta del Congreso de Tucumán, Manuel Belgrano, en representación de San Martín, Güemes y otros patriotas, propone la creación de una monarquía con sede en el Cuzco, encabezada como rey por un descendiente de la realeza Inca. Las razones principales en tal situación adversa para las armas revolucionarias, eran principalmente que una decisión así unificaría institucionalmente a toda Sudamérica en un solo Estado, dando concreción a la Patria Grande, y en segundo lugar pondría a todas las fuerzas indígenas del lado de la patria, incluidos todos los caciques que eran parte de los ejércitos realistas .Estaba claro para los que apoyaban esta propuesta que sería una medida necesaria para el momento pero transitoria, ya que ninguno de ellos apoyaba la monarquía como forma de gobierno permanente. No tuvo eco entre los congresistas, sobre todo causó escándalo en la oligarca Buenos Aires al punto de que un periódico porteño planteó que no iban a permitir que “un indio pata sucia” los gobernara.
En resumen, Manuel Belgrano fue uno de los grandes patriotas del proceso de Mayo que puso su vida al servicio de la revolución por la independencia, la soberanía y la libertad.
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