“Nunca es poco lo que podamos reflexionar sobre el racismo”, explica la antropóloga Melina Schierloh, al hablar con Nuestra Propuesta para ayudarnos a reflexionar de qué va la campaña que a caballo del Mundial se montó desde redes sociales y la massmedia dominante. “La idea de ‘raza’ empalma con la de clase social”, sostiene y añade que “no se trata sólo de comprender qué es el racismo: hay que ser antirracista y dar la disputa por la emancipación antirracista”.
Todo comenzó en redes sociales y después lo tomó la massmedia tradicional que, conforme avanzaba el Mundial, fue propalando voces que primero apuntaban contra la Selección pero rápidamente pasaron a hacerlo contra “los argentinos”, lanzando afirmaciones como que somos “el país más racista del mundo”. Con el vértigo abrumador que tienen esas cosas, el tema desbordó el ámbito futbolístico para abonar ideas francamente rocambolescas y arrastrar a personas como el economista progre griego Yanis Varoufakis, quien paradójicamente es el autor de “Tecnofeudalismo: El sigiloso sucesor del capitalismo”, la madrina del punk, Patti Smith, el actor de Hollywood Samuel Jackson o la cantante pop española Rosalía.
Pero más allá de conspiranonias y de cualquier voluntad de transitar esos territorios cloacales que muchas veces proponen las redes sociales, esto que algunos describen como “una campaña antiargentina”, otros como producto de una interna entre la FIFA y la UEFA y que desde el esquema que rodea a la Presidencia Milei se denuncia como “un ataque woke”, puede ser un disparador que nos permita reflexionar acerca de si, realmente, los argentinos somos racistas y, en tal caso, qué podemos hacer con ello.
La pregunta es interesante y oportuna, porque nunca es poco lo que podamos reflexionar sobre el racismo”, explicó Melina Schierloh, quien es antropóloga, investigadora y docente de la Universidad Nacional del Comahue. La académica y militante de la Corriente Liberación de Universidad y Ciencia afirmó en diálogo con NP ante esta pregunta instalada que “sí, lo somos, y si tenemos dudas de la existencia o no del racismo, habría que pensar quiénes son los que lo sufren y cuáles son las voces que habitualmente hablan sobre el racismo”. En tal sentido, añadió que se trata de grupos que “están identificados con las clases populares, ya que aunque sabemos que las razas biológicas no existen, la idea de ‘raza’ empalma claramente con la de clase social”.
Por lo que, recalcó, “esos son los grupos racializados que, además, son los que probablemente no tienen voz en los debates públicos”, tras lo que reflexionó que, incluso desde los sectores académicos, “debemos pensar quiénes son los que están hablando de racismo y esto nos permite pensar por qué, en medio del Mundial, se comienza a hablar de la Argentina racista...¿quiénes están hablando de racismo? ¿De qué prácticas racistas hablan, a qué se refieren?”. Es que, como puntualizó Melina Schierloh, “los racismos no son iguales en todo el mundo, porque cuando se identifica a un grupo al que se le atribuye una categoría biológica que lo determina, se lo hace con el que siempre es el fin último del racismo: dominar al otro, porque el racismo es una justificación que en el siglo 19 era biológica, pero que después acaba siendo de rasgos y de clase, una etiqueta vinculada al rostro, la vestimenta e incluso con los consumos de un grupo, que se utilizan como excusa para dominarlo”.
Así las cosas, la pregunta es quién construye un discurso racista y para dominar a quién lo hace. “Hablar de racismo necesita como una especie de mecanismo y de lógica racista que construye a alguien para justificar esa dominación, esa explotación que va a hacer del otro”, destaca Melina Schierloh, y recuerda que al menos en el origen de la campaña instalada en redes durante el Mundial “se habla de un racismo ligado a lo afro, la idea de una Selección sin jugadores de ascendencia afro, algo que es erróneo porque la ascendencia afro en Argentina es relevante, tal como lo es la población indígena”.
Al respecto, tras reiterar que existe el racismo en nuestro país, recordó que desde la génesis misma del Estado Nación hubo prácticas de exterminio de la población indígena “y de lo que hoy podríamos identificar como la población marrón”, por lo que “ahí hay mucho para indagar” y al respecto ponderó la tarea que lleva a cabo el colectivo antirracista Identidad Marrón, desde donde reflexionan y dicen lo suyo “autores de colectivos históricamente racializados que tienen que hablar porque cuando vemos la corriente dominante, los sectores de poder, cuando vemos lo que pasa en redes y la TV, no aparecen los grupos racializados y eso habla de la existencia de un racismo”.
Para seguir dándole sustento a esa afirmación, la antropóloga y docente universitaria agregó que “hay prácticas racistas en lo cotidiano, que ya no tengamos un Inadi habla de racismo, además tenemos un Estado Nación que se conformó a partir de una matriz racista que, en un contexto histórico como el actual, cobra más relevancia y reverbera con el mecanismo racista”. Es decir, “que con la sola identificación de un rasgo de un grupo determinado, se generaliza y se determina que de ese lugar no se pude volver” y, siguiendo esa misma línea de razonamiento, “como no hay cambio posible, se impone separar a esa población de un ‘nosotros’ que, claramente, se fija desde una posición de privilegio”.
Pobres, morochos y explotados
De este modo, el racismo viene a ser un ejercicio cotidiano que apunta contra un otro cercano a quien se cataloga como peligroso y que, por lo tanto, se debe marginar del sistema de producción material y simbólica de la sociedad. “El racismo es la justificación para que eso pase”, opinó Melina Schierloh y complementó la idea diciendo que “por eso es en este momento que, de alguna manera, este discurso viene a justificar la expoliación que padece Argentina”, ya que “mientras se saquea el país, aparecen estas voces que dicen que los argentinos somos todos racistas”; algo que representa “una narrativa que resulta muy asequible e interlocuta muy bien con un discurso progre, pero que puede apuntalar la narrativa que justifica ese saqueo”.
En tanto que recordó que en semifinales del Mundial hubo un hecho que merece ser muy tenido en cuenta, que es la decisión de jugadores de la Selección de enarbolar una bandera con la inscripción “Las Malvinas son Argentinas”. “Fue una demostración antiimperialista fuertemente popular que es la reafirmación del reclamo por las Islas ¿Pero entonces somos racistas o antiimperialistas?”, reflexionó Schierloh. Sobre la ‘coincidencia’ de la llamada “campaña antiargentina” con ese hecho político de relevancia internacional señaló que “ahí aparecen las redes generando algún tipo de pensamiento instantáneo”. Y después de subrayar que “no hay dudas de que en Argentina hay prácticas racistas cotidianas, como también racismo estructural e institucional”, advirtió que “si esto se echa a las redes sin ningún tipo de reflexión, hay que tener cuidado con qué discurso se genera y en qué lugar se pone a quién”, ya que “si el que acusa de racismo a otra población, un equipo o una nación tiene hacia adentro prácticas de racismo, entonces se podría estar ante un mecanismo que intenta imponer la idea de que si todos somos racistas, nadie es racista”.

Esto, prosiguió aclarando, “avalaría algo que hace el racismo, que es justificar la explotación del otro” y, por eso, “lo más difícil pero necesario es pensar el racismo, pero comenzando por mirar hacia adentro”. Al hacer este necesario ejercicio en Argentina, indicó que “vemos que los sectores racializados y sobre todos sus colectivos que están organizados, no tienen problema en decir que aquí, tanto como en Europa y en EE.UU., hay prácticas racistas que hay que denunciar”. Pero, fundamentalmente, todo esto “debe servir para ayudarnos a pensar y para cambiar este tipo de prácticas, porque no se trata sólo de comprender qué es el racismo, sino de reafirmarnos como antirracistas, porque no basta con estar en desacuerdo: hay que se antirracista”. Lo cual, recalcó, implica “dar la disputa por las prácticas y por la emancipación antirracista”.
Lo cierto es que a caballo del Mundial se montó una campaña sumamente potente en redes sociales a la que, desde un lugar bastante irreflexivo y muchas veces estigmatizante, se vio arrastrada parte de la progresía global. Claro que esto también fue funcional a la narrativa que intentó imponer el esquema propagandístico que apuntala al gobierno de Milei, desde donde se atribuye la autoría de esta movida a una suerte de “conspiración woke”. Y, como sostiene el dicho, a río revuelto ganancia de pescadores. En este contexto ya aparecieron voces como la del delfín de Santiago Caputo (jefe de la propaganda mileísta) en la Legislatura bonaerense, Agustín Romo, quien anunció que va a presentar un proyecto de ley para que se arancelen el acceso a Educación y Salud públicas para personas extranjeras. Mientras que en idéntico sentido, el Subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, instó a que las casas de altos estudios hagan lo propio en el caso de los estudiantes extranjeros.
No es la primera vez que van por ese lado”, recordó la docente e investigadora de la Universidad del Comahue. “Esto tiene que ver con la idea de un ordenamiento social racista vinculado con una lógica que sobrevive a los tiempos y se reubica encontrando nuevas figuras y nuevas narrativas para persistir”, apuntó. Por eso es que “vuelven sobre una idea que ya había planteado este mismo gobierno para los estudiantes migrantes”, porque “para justificar la forma en que destruyen a la Universidad, generan una especie monstruo y ponen todas las culpas y males en ese otro que migra, lo que desde esa lógica justificaría sacarlo del medio como pasó en los 90 con el discurso neoliberal que atribuía el desempleo a la migración de países limítrofes y, ahora, el chivo expiatorio vuelven a ser los mismos en el caso de la Universidad, donde en todo el país los migrantes ni siquiera llegan a ser el cuatro por ciento”.
Por otro lado, remarcó que Argentina es un país que nunca expulsó a los migrantes, cosa que sí hacen países como España o Francia, “cuando Europa es uno de los interesados en la generación de conflictos en África que después provocan la migración forzada”. Ante este escenario, puso el foco de atención en que “la derecha busca tensar siempre un poco más, precisa polarizar y entonces esto de las universidades y la salud pública le sirve para avanzar en la expoliación de lo público”.
Mientras tanto, el mismo esquema político que incluye a los racistas Romo y Álvarez, que se rasgan las vestiduras por la “campaña antiargentina”, es el que intenta imponer el proyecto de ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que entre otras barbaridades propone que personas físicas, empresas y hasta Estados extranjeros no tengan límites para quedarse con territorio argentino, incluso en zonas críticas como las de frontera. “Para el gobierno los beneficiarios de ese proyecto serían los ‘buenos migrantes’, mientras que un estudiante chileno es un ‘mal migrante’ porque viene a la universidad pública y entonces hay que sacárselo de encima”, lamentó Melina Schierloh y enfatizó que “eso muestra el sinsentido del pensamiento de derecha que, claramente, tiene un discurso para avalar la expoliación de las mayorías y una práctica para favorecer a muy pocos”.
Por todo eso y ante tanta hojarasca, a la hora de pensar de qué va esta movida internacional promovida desde las redes sociales y las corporaciones mediáticas del capitalismo, resulta prudente parar la pelota y pensar. “Sin dudas todo esto necesita tomarse un tiempo de reflexión”, insistió la antropóloga de la Corriente Liberación. Y recalcó que “quienes las sufren, detectan rápidamente las prácticas racistas”, por lo que “si queremos encontrar racismo, lo encontramos apenas salimos a las calles, eso es algo cotidiano”. Al fin y al cabo, los sectores racializados en Argentina y en cualquier parte del mundo no son otros que los más empobrecidos y los más explotados.
2026 | Partido Comunista de la Argentina. Rosario