Derechos Humanos

Crisis habitacional: ¿es verdad que no hay alternativas?

Crisis habitacional: ¿es verdad que no hay alternativas?
24 de Julio de 2026

Para favorecer al negocio financiero e inmobiliario, los gobiernos de Javier Milei y de Jorge Macri empujan a miles de personas a vivir en las calles. Pero hay otras posibilidades como la experiencia que desde hace un siglo transita Viena, desde donde habló con Nuestra Propuesta el periodista y politólogo Miguel Wögerer, para contar de qué va eso de la vivienda estatal y social que garantiza alquileres estables y accesibles.

La crisis habitacional en Argentina y particularmente en la Ciudad de Buenos Aires y su conurbano no es sólo un problema inmobiliario: es un problema humano. Durante los últimos meses se profundizó la expulsión de miles de familias a las que no les queda otra que vivir en las calles, mientras que desde los gobiernos local y nacional se disponen mecanismos que protegen la renta especulativa, al tiempo que se consolida un patrón cada vez más excluyente.

Ambas gestiones, que se disputan el núcleo duro de los votantes de derecha de nuestro país, aun sin descartar una probable alianza electoral para 2027, hacen marketing político básicamente asociando conceptos como “orden” y “tranquilidad” a la militarización estatal de barrios populares. En ese contexto, la criminalización de la pobreza se pone en acto por medio de la escalada represiva que fuerzas policiales perpetran en villas y barrios populares con operativos como el que la Gestión Macri denominara Tormenta Negra y los de la Dirección Nacional de Migraciones y la Policía Federal, que intentan emular a aquellos que en Estados Unidos protagoniza el ICE, con un largo historial de crímenes en su haber, especialmente contra ciudadanos de origen latino.

Para ser más claros. Desde 2024 en Ciudad de Buenos Aires se ejecutaron más de seiscientos desalojos y se iniciaron más de 1.200 juicios de desalojo que afectan a alrededor de tres mil personas, lo que incluye más de mil pibes que acaban en situación de calle. Esto viene a agravar una crisis estructural en una ciudad en la que el 35,7 por ciento de los hogares son habitados por inquilinos, tal como lo reconoce el propio Instituto de la Vivienda porteño, y en la que existen 49 barrios populares habitados por miles de familias en situación de emergencia. En tanto que hay alrededor de doce mil personas a las que no les queda otra que vivir en las calles, criminalizadas y perseguidas constantemente por el mismo gobierno que les niega el derecho humano a una vivienda digna. Otra cosa para destacar es que no existe ninguna política estatal, ni en el orden nacional ni en el orden local, destinada a brindar alternativas a las personas desalojadas.

Con este telón de fondo es que el Senado de la Nación se dispone a tratar el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, una iniciativa del mileísmo (y apoyada, desde el vamos, por el macrismo) que forma parte de un paquete legislativo que, si prospera, va a reformar, por ejemplo, la Ley de Expropiaciones. Con lo cual, aunentarían y se acelerarían exponencialmente los desalojos administrativos o exprés.

Vivir en las calles es una experiencia terrible, pero también es una de las pinturas más trágicas, recurrentes e imposibles de dejar de advertir para quienes transitan las principales ciudades del país.

Quienes duermen en las veredas y se cobijan como pueden no son estadísticas; son personas concretas y de ellas más de la mitad padeció violencia desde que ha tenido que verse obligada a sobrevivir en esta situación de vulnerabilidad extrema. Así lo señala un informe confeccionado recientemente por la Fundación para el Desarrollo Humano Integral que también da cuenta de que alrededor del 54 por ciento no recibe ningún tipo de asistencia estatal, al tiempo que advierte que entre quienes padecen esta situación, cada vez hay más familias, jubilados y jóvenes que fueron empujados a la intemperie porque no pudieron seguir sosteniendo un alquiler.

A todo esto, vale señalar que durante el mes pasado los alquileres volvieron a aumentar por encima de la inflación, tal como lo sostiene un informe que que hizo Inquilinos Agrupados, donde también se denuncia que esa brecha se ensanchó constantemente desde que, por medio del DNU 70/2023, Javier Milei derogó la Ley de Alquileres. En un escenario en el que cada vez hay menos trabajo conveniado y los salarios no dejan de mirarle la luneta a la inflación, el precio de los alquileres junto al del resto de los costos fijos que implica el pago de servicios, expensas y transporte público, se convierte en un combo difícil de enfrentar inclusive para gran parte de familias con ingresos promedio, para las que el crédito hipotecario hace rato que dejó de ser una posibilidad.

Asociado a esto, aparece la ausencia de políticas activas por parte del Estado que desde que Milei es presidente se encargó de destruir lo poco bueno que había, como el Procrear y el Fondo de Integración Socio Urbana, que era el principal motor de financiamiento para obras vinculadas a la vivienda en barrios populares. Todo en medio de un panorama en el que de acuerdo a un informe del Centro para la Integración Socio Urbana, casi la mitad de los hogares argentinos padece carencias habitacionales, problemática que se catapulta hasta un 97 por ciento en el caso de barrios populares.

De acuerdo al Observatorio Metropolitano, en la Zona Amba el déficit habitacional alcanza a alrededor de la mitad de los hogares, mientras que cerca del treinta por ciento padece emergencia habitacional y el promedio de quienes alquilan y tienen que destinar más de la mitad de sus ingresos mensuales al pago del alquiler no para de crecer. Este es un esquema que se profundizó y empeoró desde que, a instancias del DNU 70/2023, el Estado resignó la posibilidad de intervenir, aunque sea tímidamente, en este mercado.

¿Pero será esa la única alternativa viable? Con sólo repasar un poco lo ocurre en otras metrópolis se advierte que hay otros tipos de abordaje. Sin la necesidad de citar casos ejemplares, históricos y actuales, de gobiernos socialistas pueden encontrarse caminos alternativos a la crisis habitacional que golpea en todo nuestro país, y con particular fuerza en las grandes urbes. En ese plano aparecen ciudades neerlandesas, alemanas y francesas, o ejemplos de políticas habitacionales inclusivas como las de Viena (con orígenes en la “Viena Roja”), un caso del que se viene hablando mucho en los medios de nuestro país, donde desde hace varias décadas el modelo de vivienda estatal y social garantiza alquileres estables y accesibles para cerca del sesenta por ciento de su población, de acuerdo a fuentes oficiales.

Para saber de qué va todo esto, desde la capital austríaca, habló con Nuestra Propuesta el periodista y politólogo graduado en la Universidad de La Habana, Miguel Wögerer, quien además de trabajar en espacios de solidaridad con Cuba, se desempeña profesionalmente en Unsere Zeitung (Nuestro Diario), al tiempo que es redactor jefe de la revista International que desde 1979 es una reputada publicación política centrada en la reflexión y el debate sobre las relaciones internacionales y el diálogo Norte-Sur.

 

-¿Cómo funciona esto en Viena, el sistema depende de las autoridades locales o nacionales?

En Viena, una parte muy importante de la población vive en viviendas municipales o subvencionadas; las fuentes oficiales hablan de más del sesenta por ciento por ciento, mientras que los estudios académicos sitúan el sector de vivienda social en algo más del 43 por ciento del parque habitacional. El veintiséis por ciento del total de las viviendas pertenece al municipio de Viena, y el sesenta por ciento de todos los alquileres en la ciudad está sometido a una vinculación social permanente. La plataforma https://socialhousing.wien menciona unas 220 mil viviendas municipales y alrededor de doscientas mil viviendas subvencionadas, y señala que “alrededor del cincuenta por ciento de la población vienesa” vive en estos dos segmentos.

Viena gestiona por sí misma una gran parte de la política habitacional práctica: la ciudad posee un parque muy grande de viviendas municipales, define en gran medida sus propios criterios de acceso a los subsidios y trabaja estrechamente con promotores sin fines de lucro o de utilidad limitada.

El sistema funciona, en esencia, sobre dos grandes pilares: por un lado, las viviendas municipales, que pertenecen a la ciudad de Viena; y por otro, las viviendas subvencionadas o de utilidad pública, que son construidas y administradas por entidades promotoras sin fines de lucro. En conjunto, estos segmentos constituyen el núcleo del modelo vienés de vivienda social.

Su fortaleza radica precisamente en que la ciudad nunca vendió su parque habitacional y, por eso, hasta hoy puede influir directamente en los precios de los alquileres, en la asignación de viviendas y en la construcción de nuevas unidades.

 

-¿Desde cuándo funciona?

En su forma actual, el modelo vienés de vivienda se remonta a la llamada Viena Roja -es decir, al período de mayoría absoluta socialdemócrata entre 1919 y 1934- y funciona desde 1919. La gran etapa de expansión comenzó en la década de 1920.

En 1923 se aprobó el primer gran programa de construcción de vivienda; en 1927 le siguió un segundo; y hasta 1934 se construyeron unas 65 mil viviendas municipales. Allí se sentaron las bases del sistema actual.

 

-¿Cómo se financia?

En la Viena Roja, la vivienda municipal se financió sobre todo a través de un impuesto específico para la construcción de vivienda, introducido a partir de 1923. Ese impuesto tenía un carácter progresivo y fue complementado por otros impuestos sobre el lujo y el patrimonio.

Hoy, la base proviene de una parte predefinida del impuesto sobre la renta: un uno por ciento del ingreso se aporta como contribución para la promoción de vivienda, financiado conjuntamente por trabajadores y empleadores. De ese modo, Viena recibe cada año alrededor de 250 millones de euros para políticas de vivienda..

Lo central es la promoción pública de vivienda, es decir, un sistema permanente de financiamiento estatal; a eso se suman fondos de la ciudad de Viena, préstamos de largo plazo, créditos bancarios, capital propio de los promotores y, en parte, también aportes de capital por parte de los habitantes.

 

-¿Qué sectores sociales y etarios son los que mayoritariamente alquilan?

Hay que decir que en Viena, antes que nada, alquilar es la norma y no la excepción. Según Statistik Austria (el Indec austríaco), en Viena el 78 por ciento de los hogares vive en alquiler.

Alquilan con especial frecuencia los adultos jóvenes, las personas que viven solas y los hogares de menores ingresos. Pero, a diferencia de muchas otras ciudades, en Viena alquilar no es un signo de marginalidad social, sino una forma completamente normal de habitar, extendida incluso a buena parte de la clase media.

 

-¿Cuánto es un salario mínimo en Austria?

Austria no tiene un salario mínimo legal general para toda la población trabajadora. Los pisos salariales se fijan en los convenios colectivos de los sindicatos de cada sector.

En la práctica, esos mínimos suelen ubicarse aproximadamente entre 1.700 y 1.900 euros brutos, teniendo en cuenta que en Austria normalmente se pagan catorce salarios al año, incluyendo el salario de vacaciones y el de Navidad, algo que fue conquistado por los sindicatos.

 

-¿Qué relación tiene el precio del alquiler promedio con el salario promedio, incluyendo expensas y el pago de servicios?

Si tomamos las cifras oficiales de Austria, un alquiler promedio con expensas está actualmente en torno a los 695 euros mensuales, y en el segmento privado de Viena se ubica más bien cerca de los ochocientos euros. En relación con un ingreso neto medio de una persona que trabaja a tiempo completo, eso representa de manera aproximada una cuarta parte del ingreso.

Si además se suman electricidad, calefacción y otros costos de servicios, la carga real es mayor. Para los hogares socialmente más vulnerables, esa carga puede ser considerablemente más crítica. Alrededor del ocho por ciento de los hogares tiene una carga de vivienda superior al cuarenta por ciento de sus ingresos.

 

-¿Quiénes son mayormente los propietarios de las viviendas que se alquilan. Se trata del Estado, son empresas o son personas físicas?

En Viena, una gran parte de las viviendas pertenece directamente a la ciudad o a entidades promotoras sin fines de lucro. El sector privado es importante, pero más de la mitad de las viviendas en alquiler se encuentra dentro de estructuras municipales o de utilidad pública. Y justamente esa es una de las razones por las que Viena puede contener los precios del alquiler más eficazmente que muchas otras ciudades.

 

-¿Mayormente, quienes alquilan lo hacen de por vida o lo toman como un paso hacia la compra de una vivienda?

En Viena, para la mayoría de la población, alquilar no es una etapa transitoria sino una forma permanente y socialmente reconocida de vivir...yo vivo hace más de treinta años alquilando. Sobre todo en la vivienda municipal y en la vivienda subvencionada, muchas personas permanecen durante plazos muy largos. Sólo en el mercado privado de alquiler aumenta la incertidumbre a causa de los contratos temporales.

 

-¿Es accesible el crédito para la compra de vivienda?

No, yo no diría que sea “fácilmente accesible”. En Austria, el crédito hipotecario existe y en principio está disponible, pero el acceso está relativamente regulado y depende mucho del capital propio, del nivel de ingresos y de la capacidad de sostener el pago en el largo plazo.

 

-En Argentina el acceso a la vivienda propia fue, entre otras cosas, una señal de la movilidad social ascendente que existió durante varias décadas. Esto le otorga un peso simbólico que se suma al carácter práctico que posee ¿Cómo funciona eso en la sociedad austríaca?

La propiedad sigue siendo en Austria un símbolo fuerte de seguridad, independencia y protección para la vejez. Pero al mismo tiempo, alquilar -sobre todo en Viena- es socialmente mucho más normal que en muchos otros países.

Por eso yo diría: la propiedad sigue siendo un ideal, pero en Austria una vida habitacional buena y segura no está necesariamente ligada a ser propietario.

 

-Una ciudad de tanta historia como Viena debe ser una tentación para la especulación inmobiliaria que deriva de la gentrificación ¿Cómo hace el Estado para evitar que esto meta presión sobre el precio de los alquileres?

Viena opone a la especulación una fuerte contraparte pública. La ciudad posee por sí misma una gran cantidad de viviendas, mantiene una gran parte del mercado de alquiler bajo una vinculación social, compra suelo de manera estratégica y exige vivienda subvencionada en nuevas áreas de desarrollo. De esta manera puede impedir que la gentrificación y la especulación financiera empujen los alquileres tan fuertemente hacia arriba como ocurre en muchas otras metrópolis.

Pero hay que agregar una mirada crítica: Viena no está libre de gentrificación. El fuerte sector de vivienda social amortigua la expulsión, pero no la impide por completo. Sobre todo en el segmento privado de alquiler, en barrios de edificios antiguos y en zonas céntricas revalorizadas, sí existen aumentos de alquileres, conversiones de viviendas alquiladas en propiedad y presiones locales de desplazamiento. Es decir, el modelo vienés no elimina la gentrificación pero la limita y la ralentiza.

 

-Saliendo un poco de Viena ¿Qué se puede decir acerca del reciente triunfo del KPÖ que confirmó a Elke Kahr al frente de la alcaldía de Graz?

Yo no lo definiría esto como una victoria fulminante del Partido Comunista de Austria (KPÖ) y de su principal candidata y alcaldesa, Elke Kahr. El KPÖ logró sumar alrededor de siete puntos porcentuales en comparación con la elección de 2021, mientras que los Verdes perdieron 2,4 puntos y los socialdemócratas sufrieron pérdidas importantes de 3,9 puntos porcentuales. Durante la campaña, los socialdemócratas del SPÖ se comportaron en parte de manera desleal frente al KPÖ y fueron castigados por eso.

El KPÖ, con el 35,7 por ciento, volvió a ser por segunda vez consecutiva la fuerza más votada y ahora puede seguir gobernando en una coalición de dos con los Verdes, que obtuvieron el quince por ciento. En este momento ya se están llevando adelante negociaciones de coalición más profundas

Que el KPÖ tenga a la intendenta en la segunda ciudad más grande de Austria -Graz tiene 345 mil habitantes- es, y sigue siendo, una verdadera sensación política. En las encuestas para las elecciones legislativas nacionales, los comunistas se ubican apenas entre el cuatro y el cinco por ciento y actualmente no están representados en el Parlamento, por eso la victoria del KÖP en la segunda ciudad más grande de Austria es algo excepcional pero también alentador.

 

-Como periodista, politólogo y estudioso de las dinámicas de nuestra región ¿cómo ve usted la situación actual de América Latina?

América Latina es un continente en el que hay constantes cambios entre procesos de izquierdas y otros de derechas, una situación de más incertidumbres que las que tenemos en Europa. Si hablamos de Venezuela y Cuba es muy claro que el imperialismo yanqui ya está tratando de destruir todos los sistemas sociales, todas las ideas de izquierda y todo lo que no tenga que ver con el capitalismo. Ojala Estados Unidos no logre en Cuba hacer lo que hizo en Venezuela, porque quieren destruir el socialismo en Cuba y, ahora mismo, ahí se atraviesa una situación más difícil que nunca porque Donald Trump y el imperialismo yanqui está haciendo todo lo que puede para destruir el proceso revolucionario y cambiar el sistema que eligió Cuba. La situación es muy difícil para la gente y por eso debemos hacer todo lo posible para apoyar a Cuba en la solidaridad política, pero también económica, haciendo proyectos para ayudar al pueblo cubano.

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