Esta es la frase que con dedicación puso en práctica Monseñor Enrique Angelelli, quien fue asesinado hace medio siglo. “Pasaron muchos años pero se ha logrado mantener viva la vigencia y el pensamiento de su Pastoral Social”, recalcó el titular del PC de La Rioja, Rogelio de Leonardi, y destacó que “cualquier homenaje es poco para su figura señera”.
Hace cincuenta años, en La Rioja, una patota de la dictadura asesinaba a Monseñor Angelelli. Lo hacía en medio de una andanada represiva contra sacerdotes comprometidos con las demandas populares y la denuncia contra las violaciones a los derechos humanos. Durante las jornadas previas habían sido secuestrados y ultimados en esa provincia el cura franciscano Carlos de Dios Murias y el cura francés Gabriel Longueville. También, el laico referente del Movimiento Rural de la Acción Católica y organizador de cooperativas campesinas en Sañogasta, Wenceslao Pedernera, que fue acribillado a balazos frente a su esposa e hijas.
“Pasaron muchos años pero se ha logrado mantener viva la vigencia y el pensamiento de la Pastoral Social de Monseñor Angelelli”, recalcó el Secretario Político del Partido Comunista riojano y titular de la AMP, Rogelio de Leonardi, quien recordó que la premisa que rigió la conducta de vida del obispo de La Rioja se basaba en “una frase que siempre repetía: ‘hay que tener un oído en el pueblo y otro en el Evangelio’”. Desde esa acción pastoral comprometida con su tiempo, De Leonardi destacó que Angelelli “nos daba las posibilidades para que pudiéramos manifestarnos y actuar todos los que estábamos preocupados por la realidad que se vivía en esos momentos”.
En aquellos años el actual titular de la Asociación de Maestros y Profesores de La Rioja (AMP) ya era dirigente del sindicato docente y fue encarcelado apenas consumado el golpe de Estado del 24 de marzo del 76. “Me tocó vivir ese momento desde una celda”, recordó y añadió que “resultaba extraño que una figura de relevancia de la Iglesia Católica tuviera ese final, pero una parte considerable de los presos políticos de los meses previos al golpe, eran compañeros que simpatizaban con la Pastoral de Monseñor Enrique Angelelli”.
En tanto que subrayó que “es imposible hablar de cualquier hecho de la vida cultural, social y política de esa época en La Rioja sin mencionar a Monseñor Angelelli, que fue un hombre que siempre estuvo abierto al diálogo y a quien no se le perdonó el amor que puso por su pueblo y el respeto por las ideas ajenas”. Esa escucha atenta del obispo riojano para con los hijo de su pueblo, señaló el dirigente comunista, lo llevaba a “que tuviera un diálogo que le permitía realizar tareas con quienes pensaban diferente, como Alipio Pauletti, director de El Independiente, el primer diario cooperativo del país”.
El crimen de Angelelli tuvo lugar el 4 de agosto de 1976, cuando a bordo de una camioneta Fiat 125 multicarga, junto al sacerdote Arturo Pinto, transitaba por una ruta a la altura de Punta de los Llanos, un paraje que está cerca de Chamical, donde se ubicaba la base de la Fuerza Aérea desde la cual se comandaba la represión en la región. Angelelli llevaba una carpeta con material probatorio y testimonios que había recopilado sobre las ejecuciones de Murias, Longueville y Pedernera.
Esa documentación nunca fue encontrada y el cadáver del “obispo del pueblo” quedó sobre la capa asfáltica, tendido en forma de cruz, con lesiones en la nuca y la base del cráneo. Para acabar de consumar el intento por ocultar tal crimen, ese mismo año el juez federal Rodolfo Vigo se hizo cargo del expediente y en 1983 la causa fue archivada con la carátula “accidente de tránsito por reventón de neumático”. Sin embargo, casi treinta años después, gracias a una investigación judicial que pudo abrirse paso a partir del incansable pedido de justicia de organismos de derechos humanos, organizaciones políticas y sociales y feligreses; se logró reconstruir lo sucedido y se comprobó que la muerte de Angelelli fue producida por una persecución seguida de secuestro y asesinato.
Finamente, el 4 de julio de 2014 el Tribunal Oral Federal de La Rioja condenó a prisión perpetua a quien en 1976 era jefe del III Cuerpo de Ejército, el ex general Luciano Benjamín Menéndez, y al vicecomodoro Luis Fernando Estrella como autores intelectuales y organizadores del homicidio calificado del obispo Angelelli. “Estos crímenes son algo que el pueblo de La Rioja nunca va a olvidar”, aseveró el titular de AMP y puntualizó que “cualquier homenaje es poco para la figura señera de Monseñor, que ayudó a crear el sindicato de mineros de mi provincia, que nucleó a las amas de casa para que pudieran defender colectivamente sus intereses y que auspició la organización del pueblo riojano”.
En este sentido, hizo hincapié en que “en aquella época teníamos con él una excelente relación”, por lo cual “como dice el paisano, todavía se lo extraña”. Por eso es que el martes pasado al caer la noche los comunistas riojanos se sumaron en la plaza principal de la capital provincial para decir presente en la convocatoria hecha por Madres de Plaza de Mayo donde, como cada 4 de agosto, “convergieron columnas provenientes de barriadas humildes que, así, rindieron su homenaje a Monseñor y a esa Iglesia de los Pobres, que había tomado tal brío que para combatirla lo asesinaron”.
Ayer y hoy
Monseñor Angelelli fue asesinado en los albores de una dictadura cuya saga criminal había comenzado meses antes del golpe de Estado de 1976 con una creciente imbricación del aparato estatal con sectores fascistas que, fundamentalmente por medio de la Triple A, secuestraba, torturaba, asesinaba y también perseguía y estigmatizaba poniendo particular atención sobre el sistema educativo, en una tarea en la que se destacaron siniestros personajes como Oscar Ivanissevich y Alberto Ottalagano, quienes se encargaron de comandar en escuelas y universidades aquello que, medio siglo después, las usinas de la ultraderecha denominan su “batalla cultural”.
En esa misma lógica es que la semana pasada, y repitiendo un argumento que décadas atrás manifestó Jorge Rafael Videla, Javier Milei habló de “terroristas disfrazados de estudiantes, de periodistas, de profesores, de investigadores”, algo que no pasó desapercibido para De Leonardi, quien además de presidir la Asociación de Maestros y Profesores de La Rioja es Secretario de Derechos Humanos de la Ctera.
“Esto es para preocuparse porque es el mismo discurso de aquellos años”, advirtió. Mientras que reflexionó sobre la necesidad de tomar la ofensiva cuando en estos días “hablamos de la batalla cultural” e insistió con que “a cincuenta años del asesinato de Monseñor, la semilla que plantó germina a diario”.
Con el legado de Enrique Angelelli, Rogelio de Leonardi instó a “recuperar esa mística y la lucha por la que murieron tantos y tantas compatriotas”, ya que eso que declaró recientemente Milei “es desembozado, incluso más que lo de los meses previos al asesinato de Monseñor Angelelli, cuando instalaron en La Rioja un diario para desatar una campaña en la que decían que Monseñor era terrorista, que había armas en la Iglesia y otras mentiras”.
En la vinculación que existe entre las luchas de ayer y las actuales, el Secretario Político del Partido Comunista de La Rioja remarcó que “aquellos enemigos son los que están hoy vivitos y coleando”. Por lo cual enfatizó que “si no consolidamos una fuerza propia que pueda trabajar en la diversidad que tiene el presente, vamos a estar más lejos de ser capaces de neutralizar todo esto, que es muy peligroso”.
2026 | Partido Comunista de la Argentina. Rosario