Con actos y marchas se honró en todo el país a las víctimas de La Noche de los Lápices. La Plata y la Ciudad de Buenos Aires fueron escenarios centrales de una movilización masiva a nivel nacional. Mientras que el CEFMA fue sede de una actividad política-cultural con la presencia del Chango Spasiuk. Desde Paraná, donde una semana atrás la policía quiso llevarse detenidos a estudiantes secundarios que convocaban a marchar para esta fecha, el PC y la FJC sostuvieron que es indispensable “sostener viva la memoria, reivindicar las luchas estudiantiles y seguir defendiendo la educación pública y los derechos humanos”.
En todo el país se rindió homenaje a los diez estudiantes secuestrados el 16 de septiembre de 1976 en el brutal hecho represivo que pasó a la historia como La Noche de los Lápices, donde la policía bonaerense que en ese momento comandaba el general Ramón Camps se llevó secuestrados en la ciudad de La Plata a María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Claudio de Acha, Horacio Ángel Ungaro, Daniel Alberto Racero y María Clara Ciocchini, quienes todavía permanecen desaparecidos; así como a Pablo Díaz, Emilce Moler, Gustavo Calotti y Patricia Miranda, que lograron sobrevivir al cautiverio que padecieron en centros clandestinos de detención y tortura.
En la Ciudad de Buenos Aires se llevó a cabo una movilización que desde Plaza Houssay se dirigió hacia Plaza de Mayo. Frente a la Casa Rosada tuvo lugar un acto de cierre en el que participaron diferentes organizaciones estudiantiles, sindicales, sociales, de Derechos Humanos y numerosos centros de estudiantes de escuelas secundarias, donde además de mantener viva la memoria sus compañeros detenidos-desaparecidos hace medio siglo por la dictadura genocida, denunciaron las políticas negacionistas del gobierno de Javier Milei y el ajuste que lleva adelante, que golpea con particular fuerza sobre la educación pública. La actividad contó, entre otras personalidades, con la presencia del Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel.
También hubo actos y marchas en Córdoba, Santa Fe, Tucumán, Salta, Neuquén, Entre Ríos y, por supuesto, entre muchos otros lugares, en La Plata. Ahí el MUI y La Fede sumaron una nutrida columna y expresaron que “no olvidamos a los estudiantes que fueron desaparecidos por el Terrorismo de Estado”. En la previa, convocaron a movilizar a la Plaza Olázabal “porque seguimos luchando por la Memoria de los 30.000”. Asimismo, subrayaron que sus compañeros, además de luchar por el boleto estudiantil, lo hacían “por una patria justa”. Y reafirmaron que “los Lápices siguen escribiendo en cada escuela, en cada universidad y en cada barrio”, ya que “la memoria se defiende y es una herramienta de lucha”.
Por otra parte, en Paraná, donde la semana pasada la policía de Rogelio Frigerio quiso llevarse detenidos a estudiantes secundarios que realizaban actividades de difusión para la marcha de ayer, se realizó como cierre de la jornada un festival organizado por la Multisectorial por los Derechos Humanos en Plaza Sáenz Peña. Se trató de un encuentro político-cultural donde no faltaron intervenciones artísticas, la participación de bandas musicales y una radio abierta junto al Monumento a la Memoria.
El PC y la FJC de Entre Ríos recordaron que los compañeros de La Noche de los Lápices no fueron secuestrados, torturados y desaparecidos solamente por exigir el boleto estudiantil, sino además “por ser militantes del campo popular, por defender la educación pública y gratuita y por soñar con la liberación nacional”. En coincidencia con las organizaciones convocantes a esta actividad conmemorativa y de resistencia, puntualizaron que resulta indispensable “sostener viva la memoria, reivindicar las luchas estudiantiles y seguir defendiendo la educación pública y los derechos humanos”.
Los Lápices siguen escribiendo también en el CEFMA
A su vez, la sede central del CEFMA (Centro de Estudios y Formación Marxista Héctor Agosti), en CABA, fue el punto de encuentro para la actividad política-cultural “Los Lápices siguen escribiendo, leyendo y haciendo música”.
En su presentación se recordó que “La Noche de los Lápices no fue sólo una noche: fue un operativo al mando de Ramón Camps, jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires, que se inició el 1 de septiembre de 1976 y que duró todo un mes”. A la vez, se hizo hincapié en que junto a la reivindicación del boleto, los estudiantes “también pedían la reincorporación de profesores cesanteados y luchaban por una sociedad más justa, como seguimos reclamando hoy”.
Como parte de esa continuidad de lo iniciado durante la dictadura cívico-militar en el proyecto de Milei y los grandes grupos económicos, Ivana Brighenti, directora del Centro de Estudios, señaló en su introducción que en la actualidad se profundiza “el industricidio, la desocupación, la especulación financiera y la deuda externa”. Mientras que tampoco pasó por alto que hoy también el ajuste va seguido de represión, “como vemos cada miércoles hacia nuestros jubilados y hacia los sectores de trabajadores en lucha”.
De la actividad participaron la música y escritora Teresa Castillo, autora de La Risa de Dios, una novela basada en aquel operativo represivo del Terrorismo de Estado contra el movimiento estudiantil secundario en La Plata que derivó en los secuestros y desapariciones del 16 de septiembre de 1976; junto a Luis Favero, precisamente uno de aquellos sobrevivientes, que por entonces militaba en la Federación Juvenil Comunista, también músico y escritor y cuya historia real hilvana en primera persona esta novela de Castillo. Los acompañaron Guiollermo Rubino, violinista y compositor; Fabio Pérez, guitarrista y cantante, y el prestigioso Chango Spasiuk en acordeón.
Además de interpretar bellísimas canciones que ambientaron la actividad y que remitían al contexto histórico en el que se desarrollaron los crímenes de La Noche de los Lápices, se leyeron pasajes de La Risa de Dios. Como por ejemplo, uno al que el propio Spasiuk le puso su voz.
“El 23 de marzo de 1976 empezaban las clases y yo entraba a cuarto año. Esa mañana me desperté feliz. El primer día significaba el reencuentro con todos los amigos que no había podido ver durante el verano.
Me puse la camisa blanca, el blazer y la corbata azul, el pantalón gris y los zapatos negros bien lustrados. Hasta mayo mi uniforme estaba impecable, después iba sufriendo la erosión de los partiditos de fútbol en los recreos (...). Ese día tomé el dosca y cuando llegué vi una muchedumbre en la puerta. Había habido un tiroteo en el bosque, a pocos metros del colegio, y se habían suspendido las clases.
Al día siguiente, me levanté con el mismo entusiasmo y mientras desayunábamos escuchamos por la radio el comunicado de la Junta Militar”
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