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Santa Clara, la ciudad del Che

Santa Clara, la ciudad del Che
08 de Oct. de 2026

A 59 años de la desaparición física del Che, su ejemplo perdura y constituye motivo de orgullo para los pueblos del mundo. Compartimos un artículo de Freddy Pérez Cabrera, corresponsal del periódico cubano Granma en Santa Clara, la ciudad liberada por el Che y su columna para abrirle camino a la victoria revolucuonaria.

Mencionar al Che y sus vínculos con la antigua capital de la provincia de Las Villas, es hablar de una relación muy cercana, como la de un padre con su hijo, o la de un ser muy especial, que ha dejado una huella indeleble en la vida de muchísimas personas.

Aquí, hasta los más pequeños se disputan el derecho a ser su amigo, y hasta exigen a sus padres que los lleven hasta el Mausoleo donde descansan sus restos en el Memorial, o a ver la escultura ubicada frente a la sede del Partido Provincial, conocida como el Che de los niños; mientras los de más avanzada edad, dicen recordarlo en medio del fragor de la batalla que selló el triunfo de la Revolución en aquel diciembre victorioso, o compartiendo con los trabajadores de las muchas industrias que él fundó en esta ciudad.

Por eso, cuando aquí alguien se refiere al Che, lo hace desde el respeto que merece una figura de su estirpe y de su ejemplo, porque para Santa Clara, al igual que para la inmensa mayoría de los cubanos, el Che no es cosa del pasado; más bien es un presente que está en todas partes, vivo, como no lo querían, como expresara el poeta nacional Nicolás Guillén.

 

La batalla que lo inmortalizó ante la historia

Aunque desde que salió de la Sierra Maestra a cumplir la misión encomendada por Fidel de traer la guerra hasta el centro de Cuba, él tuvo a esta ciudad en la mirilla, fue en diciembre de 1958 cuando por fin pudo conocer a Santa Clara, luego de haber librado una victoriosa campaña que liberó a la mayoría de los pueblos de la antigua provincia de Las Villas.

Esta era una ciudad grande y bien defendida por el enemigo, que tenía a su disposición el regimiento Leoncio Vidal, la estación de policía, la motorizada, una pista aérea militar y cerca de 3 000 oficiales y soldados sobre las armas.

Contrario a lo que algunos calculaban, de que el Che esperaría a que Camilo tomara Yaguajay para juntos atacar la importante urbe, el líder rebelde decidió no darle tiempo al enemigo y arremeter solo la acción lo antes posible.

Es por eso que una vez ocupada Placetas, el guerrillero argentino decidió marchar sobre Santa Clara, para lo cual estableció su campamento militar en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, el 28 de diciembre de 1958.

En esas condiciones, ese propio día comenzó la batalla que lo inmortalizaría ante la historia, que duró cuatro días, en los que el líder rebelde pudo contar con el apoyo incondicional del pueblo santaclareño, única manera de poder derrotar a un enemigo varias veces superior en número y medios.

En las acciones brilló la capacidad organizativa del Che, quien daba ideas de cómo enfrentar los tanques, atravesando carros, camiones y guaguas en las calles y empleando botellas de gasolina encendidas.

Asimismo, atravesaba casas rompiendo las paredes con mandarria cuando no podía avanzar por las calles, o levantaba la línea del ferrocarril para descarrilar el tren blindado; además de organizar la cacería de los francotiradores enemigos.

El 29 de diciembre, con el concurso de la población, las vías amanecieron llenas de barricadas. Ante el avance rebelde los ataques aéreos se concentraron sobre la ciudad, los cuales no pudieron impedir el descarrilamiento, ataque y rendición del tren blindado.

Un día después se combatía en toda Santa Clara, cayendo en manos rebeldes el Gobierno Provincial, el cuartel de los Caballitos, la cárcel y la jefatura de Policía, donde momentos antes de la rendición muere de un balazo el jefe del pelotón suicida, Roberto Rodríguez, a quien todos llamaban El Vaquerito.

Durante el último día de 1958, se tomó la Audiencia y el importante Escuadrón 31, quedando lista la escena para atacar la guarida principal del régimen, el regimiento Leoncio Vidal, que fue tomado el 1ro. de enero del nuevo año, a las 12:00 horas.

 

Que la universidad se pinte de pueblo

La noche del 28 de diciembre de 1959 cambió para siempre el destino de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas. Aquel día, por decisión del claustro de la Escuela de Pedagogía, el Che fue investido como Doctor Honoris Causa en Pedagogía.

En una universidad elitista, a la que por lo general asistían solo los hijos de las clases pudientes, y aún con grandes vestigios de racismo en su seno, el Comandante rebelde tuvo el valor de expresar ideas que removieron los cimientos de la alta casa de estudios.

Al comenzar su intervención de manera pausada, el auditorio le escuchó preguntarse cómo podría aceptar el título de Doctor Honoris Causa, si toda la pedagogía ejercida por él era la de los campamentos guerrilleros.

Fue en ese momento cuando comenzó la tormenta. «Y, ¿qué tengo que decirle a la Universidad como artículo primero, como función esencial de su vida en esta Cuba nueva? Le tengo que decir que se pinte de negro, que se pinte de mulato, no solo entre los alumnos, sino también entre los profesores; que se pinte de obrero y de campesino, que se pinte de pueblo, porque la Universidad no es el patrimonio de nadie y pertenece al pueblo de Cuba».

Ante aquellas verdades, la sala se inquietó, hubo murmullos entre los participantes, quienes se miraban asombrados, como queriendo decir: ¿Qué cosa está diciendo este hombre?

Mas eso no fue todo. Como el quijote guerrero que era, el Che volvió a la carga para sentenciar que, si tal reclamo no lo hacía el claustro de profesores, el pueblo, conocedor de su fuerza, rompería las puertas de la Universidad y la pintaría con los colores que le pareciera.

Aunque en aquel momento una buena parte de los presentes no alcanzó a comprender en toda su extensión la profundidad de las ideas, la vida demostró la validez de aquellos preceptos.

Hoy la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas es una institución colmada de gente humilde, hijos de obreros, campesinos e intelectuales y un centro por el que han transitado miles de jóvenes de más de 50 naciones, la mayoría del Tercer Mundo, sin distinción de credos, razas, ni procedencia social.

 

Che, un ministro diferente

El impetuoso desarrollo de Santa Clara y de Villa Clara, como provincia, está muy ligado a la gestión del Che como ministro de Industrias. Bajo su dirección, aquí fueron fundadas fábricas tan emblemáticas como la Inpud «Primero de Mayo», la «Fabric Aguilar Noriega», más conocida como Planta Mecánica, y la «Luis Augusto Turcius Lima», Sarex para la mayoría, entre otras instalaciones claves en el progreso del país.

Desde la etapa de construcción resultaron frecuentes sus visitas a cada una de estas industrias, donde compartía con obreros y directivos para hacerlos entender la importancia de las obras que se forjaban. Todavía muchos fundadores recuerdan cómo el Comandante Guevara se interesaba por cada uno de los detalles, entre ellos la atención a los trabajadores.

En la Inpud, por ejemplo, aún se recuerda el incidente con el entonces secretario general de la UJC, Julián Rodríguez, quien, ante el acoso de preguntas del Che, contestaba a todas en sentido positivo, a lo que el visitante respondió: «Chico, si todo anda tan bien, ¿por qué esto está tan sucio y desordenado? Si lo que se ve está así, ¿cómo andará lo que no se ve?».

Otro incidente ocurrió a la entrada del taller de moldes y troqueles, donde había un mural a través del cual se censuraba a los incumplidores. Al detenerse ante la foto de un trabajador que llevaba 17 ausencias en el mes, el Ministro preguntó: ¿No hay forma de localizarlo? «No, le informaron, es del poblado de Rodrigo, en Santo Domingo».

«¡Qué lástima! Hubiera querido hablar con él», fue su respuesta. Luego explicaría: La vida no es tan simple, muchas cosas deforman, pero si el hombre no está corrompido y le sacudimos la conciencia, cambia. Hay que compulsarlo.

 

El regreso estremecedor del Che a Santa Clara

Fue el 17 de octubre de 1997, cuando se reunió aquella inmensa multitud conmovida, pero a la vez reconfortada por atesorar al Comandante Ernesto Che Guevara en esta tierra cubana que tanto amó y por la que tanto hizo.

Allí, en la plaza que lleva su nombre, lo recibió un mar de pueblo, y Fidel, su compañero de lucha, quien tuvo palabras conmovedoras para el hombre que lo había acompañado en el Granma, la Sierra y en las muchas tareas que compartieron en la etapa de la Revolución triunfante.

Una emoción contenida evidenciaba el sentimiento de dolor que embargaba a los presentes. La urna de cedro con los restos del Che, y las de sus compañeros de lucha, ocuparon un lugar de privilegio en medio de la Plaza abarrotada.

«No venimos a despedir al Che y sus heroicos compañeros. Venimos a recibirlos», fueron las primeras palabras de Fidel en su excepcional pieza oratoria, al tiempo que calificaba al Che como un «gigante moral» y a sus hombres, como un refuerzo, como un destacamento de combatientes invencibles, que llegaban a luchar junto a nosotros y a escribir nuevas páginas de historia y de gloria.

Desde entonces, suman millones los visitantes de todos los confines del planeta, que llegan al Complejo Escultórico que se honra con llevar su nombre en Santa Clara, atraídos por su figura inmaculada y por el ejemplo de un hombre que nunca divorció el pensamiento de la acción.

Tal vez por esas razones, aunque todos aquí saben que el Comandante Ernesto Guevara constituye una figura de talla universal que pertenece a todos los humildes del mundo, los santaclareños hablan de él con el sano orgullo de que algo grande les pertenece, y que Santa Clara es y siempre será la tierra del Che.

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