El espíritu malvinero de Javier Milei duró poco. Los representantes de su gobierno ante la ONU siguieron el mandato de Estados Unidos y boicotearon el Comité Especial de Descolonización. Sobre esto reflexiona en la siguiente columna el historiador Horacio López.
El 25 de junio de este año el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas adoptó por consenso una nueva resolución sobre la Cuestión de las Islas Malvinas, instando a la República Argentina y al Reino Unido a reanudar las negociaciones bilaterales sobre la soberanía de las islas. Casi cuatro meses después Estados Unidos presentó ante la ONU una propuesta formal para disolver dicho Comité, argumentando que el cuerpo “ha sobrevivido a su propósito original, funcionando de forma anacrónica y generando gastos injustificados de recursos”.
Esta postura reitera la posición de los trumpistas de ir minando a las Naciones Unidas, un obstáculo de representación colectiva de los países que no es funcional a las apetencias imperialistas. En la misma reunión en que EE.UU. propuso disolver el Comité de Descolonización, se presentó un proyecto de “lucha contra las formas contemporáneas de colonialismo”, sobre el que la potencia del norte se opuso, rechazando categóricamente la ampliación del concepto de colonialismo y la exigencia de reparaciones financieras basadas en lo que denominan “narrativas de culpa histórica”. Para no quedar pegado a una postura antiyanqui, el gobierno de Milei se abstuvo en este tema.
Obviamente que la propuesta de Trump de concretarse beneficiaría al Reino Unido y perjudicaría a la Argentina que no tendría ya un foro internacional específico a dónde llevar sus reclamos soberanos. Pero es algo difícil de lograr, porque es la Asamblea General de la ONU la que debe decidir al respecto, y allí EE.UU. no tiene los votos para aprobarla y se sometería al repudio de la inmensa mayoría de los países.
Lo que no previó Milei, alentado por algunos guiños del republicano sobre una supuesta equidistancia entre los dos países en disputa, la que fue desmentida por los hechos ni bien Trump se reunió con el Primer Ministro inglés, fue que EE.UU. seguiría estando del lado del Reino Unido, como fue desde siempre.
El Comité Especial de Descolonización de la ONU
Dicho Comité, más conocido como el Comité de los 24, que fue el número de integrantes que tuvo durante la mayor parte de su existencia (hoy lo integran 29 países) es un órgano subsidiario creado en 1961 por la Asamblea General de la ONU con el propósito de impulsar la descolonización de los territorios aún bajo dominio de las grandes potencias colonizadoras. Desde la fundación de la ONU en 1945, más de 80 antiguas colonias consiguieron su independencia, disminuyendo la población bajo régimen colonial de 750 millones a casi 2 millones que habitan un total de 17 Territorios No Autónomos o usurpados, entre los cuales están Gibraltar, la Polinesia Francesa, el Sahara Occidental, Samoa Americana, varias islas caribeñas y de otras regiones y, por supuesto nuestras Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y espacios marítimos circundantes.
El Reino Unido administra 10 de los 17 Territorios No Autónomos que la ONU mantiene oficialmente bajo supervisión de su Comité Especial de Descolonización. Este Comité es un foro de vital importancia para la diplomacia latinoamericana, ya que aún existen rémoras colonialistas en Nuestra América, como son las islas caribeñas de Anguila, Bermudas, Islas Caimán, Turcas y Caicos, Islas Vírgenes Británicas y Montserrat y los territorios continentales denominados Guyana Francesa y Guyana Esequibo. Particularmente es importante para la Argentina debido a que año tras año adopta por consenso resoluciones que instan al Reino Unido y a nuestra Nación a reanudar las negociaciones bilaterales por la soberanía de las islas Malvinas.
La resolución del mes de junio del Comité fue presentada con el apoyo directo de todos los países latinoamericanos integrantes de dicho órgano, como Chile, Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela. En dicha sesión participó el Canciller argentino Pablo Quirno quien, en nombre de un gobierno que durante tres años no movió un dedo en el tema, reafirmó allí nuestro derecho irrenunciable sobre las islas, de acuerdo a la nueva estrategia electoralista de su presidente. La resolución, aprobada por consenso total, tiene como objetivo principal que Argentina y el Reino Unido reanuden las negociaciones bilaterales para alcanzar una solución pacífica y definitiva a la disputa de soberanía. Vale aclarar que las diferencias de fondo entre ambas partes radica en que el Reino Unido plantea el derecho a la autodeterminación de los isleños, como si no fuesen descendientes de una población trasplantada, y la Argentina sostiene que no aplica el derecho a la autodeterminación porque no existe un pueblo colonizado, sino un territorio argentino ocupado ilegalmente.
Cada año el Comité de Descolonización aprueba resoluciones similares por consenso, exigiendo a Londres a dialogar de manera bilateral con Buenos Aires, pero sistemáticamente los ingleses emiten enérgicos rechazos a dichos acuerdos, catalogando al foro como un espacio que manipula el principio de descolonización y que menoscaba los derechos de los pobladores locales. Estos argumentos pueriles, dirigidos a desprestigiar al Comité y a la misma ONU no tienen ningún asidero de sentido común. En el caso de los derechos de los pobladores locales, Gran Bretaña argumentó siempre el tema de las conveniencias económicas que representan para los isleños los ingresos por los permisos de pesca y ahora por la próxima explotación del petróleo, con lo que pone de su lado la preferencia de los isleños. La trampa está en que querer desarrollar el autogobierno conforme a los intereses de los habitantes de la región en cuestión, aplica a aquellos territorios coloniales en busca de desarrollar sus autogobiernos y con ello independizarse, pero no en el caso de Malvinas que es un territorio usurpado a la Argentina y ocupado por la colonialista Gran Bretaña.
La danza de las escobas
Un antiguo cuento infantil relata las peripecias de un aprendiz de brujo que pudo poner a bailar unas cuantas escobas pero luego no supo cómo detenerlas. Algo así le pasó a Milei con su brusca decisión de convertirse en el principal defensor de la soberanía en Malvinas y luego encontrarse con que varias de sus decisiones al respecto no fueran del agrado del jefe de los imperialistas. Milei , preocupado por la situación interna en el país y mal asesorado, tomó la decisión de aprovecharse de la causa nacional de defensa de la soberanía en Malvinas, con la ilusión de que tal definición le arrimaría votos a su ya alicaída imagen. Redobló su apuesta preparando proyectos para endurecer las sanciones contra las petroleras que operan de manera ilegal en las islas y ampliar las penas a las empresas que participan de esos negocios (con participaciones de capitales ingleses, norteamericanos e israelitas) y reprimir la pesca ilegal, además de armar un Consejo de Seguridad Nacional similar al de los yanquis. Lo que no tuvo en cuenta fue que al rasgarse las vestiduras en ese nuevo papel de nacionalista malvinero, tal actitud le traería problemas con su patrón.
Según trascendidos, tales decisiones no habrían caído bien en la administración republicana, sobre todo el proyecto de ley de Defensa de la Soberanía Nacional, en consideración en la Cámara de Diputados, que al incluir sanciones a las empresas relacionadas con la explotación petrolera en Malvinas, toca de cerca a empresas con intereses norteamericanos involucradas en el tema. Esta postura del gobierno de Trump será planteada personalmente por dos funcionarios estadounidenses que llegarán en los próximos días al país. Son ellos el subsecretario de Estado, Christopher Landau y el responsable de Asuntos del Hemisferio Occidental, Juan Pablo Segura, quienes vendrán para tratar una inversión en infraestructura que optimice la salida del país de materias primas y minerales estratégicos de interés para los yanquis. Allí, frente a frente los enviados de Trump y Milei, el presidente argentino deberá definir su posición ambigua.
No se puede estar bien con Dios y con el Diablo
Esto pone a Milei en la encrucijada de o seguir con su falsa política malvinera o dejar de lado esos devaneos oportunistas y quedar bien con su patrón.
Las escobas que el aprendiz de brujo local puso a bailar son varias: por un lado los proyectos para endurecer las sanciones contra las petroleras que operan de manera ilegal en las islas y ampliar las penas a las empresas que participan de esos negocios; además reprimir la pesca ilegal y armar un Consejo de Seguridad Nacional muy similar al de los yanquis. Medidas estas que aparecen entre gallos y medianoches cuando durante los tres años que lleva el gobierno de la Libertad Avanza no se habló para nada del tema. Otras medidas de dudosa autenticidad son las anunciadas compras de armamentos, con el aditamento de que se plantea que sean secretas. Se dice que comprarán un submarino, misiles para los F-16 y otras armas. Ahora se acuerdan de fortalecer a las FF.AA. cuando han venido desmantelando instalaciones y achicando presupuestos, como es el caso de la Fábrica de Aviación de Córdoba (FADEA), en la que inclusive están despidiendo técnicos de alta capacitación, formados en años de experiencia. Mientras que comprar misiles para los denunciados como negociado F-16 parece un chiste de mal gusto cuando se sabe que Gran Bretaña no permitirá la compra de repuestos claves para que esos vetustos cazas vuelen. Y lo más grotesco de todo es que anuncien que las compras serán secretas, cuando ni bien se concreten, los avezados servicios de inteligencia de EE.UU. y Gran Bretaña se enterarán al instante y cuando los propios países vendedores de esas armas se encargarán de difundirlas.
Por otro lado el gobierno está reforzando el presupuesto para la instalación de la base militar que como anunciara funcionará en Tierra del Fuego. No se entiende cómo se compatibilizan los intereses militares de Argentina en esa base, con los de EE.UU. que participarían del mismo proyecto.
Todos estos manotazos de ahogado en función de ver si mejora la imagen presidencial, más cuando las elecciones nacionales están cada vez más cerca, se vuelven inútiles frente a la resistencia general masiva del pueblo y en particular ante los recientes sondeos que indican que el 61,1% de los encuestados cree que el cambio de postura de Milei responde a una oportunista conveniencia política, frente a apenas un 24,7% (menos que su caudal de apoyo), que lo atribuye a una convicción auténtica.
Por todo esto Milei está en una encrucijada seria que le puede complicar su relación perfecta con su patrón, sumado a lo cual le aparecerán más complicaciones generadas por la resistencia cada vez mayor de las masas populares.
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