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Nancy Godoy: una escuela adentro de un campo

Nancy Godoy: una escuela adentro de un campo
30 de Oct. de 2026

Lo laboral no termina donde empieza la violencia y el abandono. Dos preguntas sobre Nancy, el trabajo docente rural, quién lo sostiene y por qué el paro de CTERA. (*)

Hubo paro nacional docente. La CTERA lo convocó en el marco de una jornada de duelo por el femicidio de Nancy Godoy, la maestra rural de Corrientes que desapareció el 7 de octubre y cuyo cuerpo apareció este miércoles.

El reclamo fue por justicia, una investigación a fondo y para que los Estados (nacional y provincial) asuman la responsabilidad por las condiciones en que ella trabajaba.

Aunque la huelga no sea por cuestiones salariales ni esté vinculada con algún hecho que haya sucedido en el habitual centro de las disputas gremiales, es estrictamente un tema laboral.

“Parece que el trabajo termina donde empieza la violencia o el abandono, y el caso de Nancy muestra lo contrario”, dijo Antonella Bianco, secretaria de Géneros de UTE, el sindicato de CTERA en la Ciudad de Buenos Aires.

Recorramos ese camino que culmina en el paro: desde la carta de Nancy pasando por el trabajo que hacía además de enseñar, las escuelas en las tierras concentradas de los dueños de todo, y por qué un paro sin reclamo de plata puede ser, en sentido estricto, un paro laboral.

 

La carta de una maestra

Entre el 15 de agosto y el 7 de octubre pasaron seis semanas.

En la primera fecha, Nancy Godoy asumió su cargo como docente suplente en un establecimiento rural. Enseguida, escribió una carta. El 7 de octubre se contactó por última vez con su familia.

De acuerdo a la carta manuscrita que Nancy le envió al Consejo de Educación correntino, la Escuela N.º 626 de El Malezal estaba sucia, con insectos, sin agua potable y con los inodoros llenos de tierra. Ella y la madre de un estudiante había necesitado dos días para dejarla “más o menos habitable”, contaba en la carta.

 


Ademas, decía que no había registros escolares posteriores a 2024, y con ese dato y los testimonios de los vecinos, se permitió colegir que el docente anterior llevaba entre dos y tres años sin dar clases.

La primera inspección de la 626 que consta en algún papel es la de Nancy.

 

Lo que se sabe del caso

La escuela funciona dentro de la estancia El Curupí, un establecimiento agropecuario que también es coto de caza abierto para tours de cazadores, mayormente extranjeros.

Pertenece a una familia de buena posición en Esquina, los Winkler-Cabral, que también tienen sociedades destinadas a la explotación ganadera en el norte santafesino. La administradora es la hija menor de la familia, la veterinaria Lourdes Winkler, que condujo a Godoy por última vez al establecimiento.

El predio tiene unas 12.000 hectáreas. Muchas veces, para llegar desde el casco de la estancia hasta la escuela, Nancy usaba un caballo que le prestaba Rosa Leguizamón, pareja del puestero Sergio Nahuel Rojas. Los dos están entre los cinco detenidos por el caso.

El último contacto con la familia fue un mensaje de WhatsApp enviado desde la escuela el 7 de octubre. La denuncia se presentó el 15 de ese mes. Su cuerpo apareció el 28, en un potrero a unos 15 kilómetros de la escuela, sin señal telefónica, durante un rastrillaje que hicieron dos policías a caballo.

El juez de Garantías de Esquina dictó la prisión preventiva de Ireneo Antonio Zarza, capataz del establecimiento, y de Felipe Dionisio Sandoval, como presuntos autores materiales del femicidio; Leguizamón y Rojas ya estaban en prisión preventiva. Todos conservan la presunción de inocencia hasta la sentencia.

Para el sindicalismo docente, el hecho no se puede leer por separado del trabajo. Bianco lo plantea sin rodeos: “No podemos separar este femicidio de las condiciones de trabajo a la que estaba expuesta, porque Nancy desaparece y es asesinada durante su trabajo, en las condiciones de precariedad en las que estaba ejerciendolo”, sentencia.

Y lo reduce a una condición concreta: “Si Nancy no tuviera que atravesar a caballo un camino en condiciones sumamente precarias en lugares inhóspitos, quizás no estaríamos hablando de este femicidio”.

 

Las tareas que se acumulan

Lucas Ruiz Moreno, docente misionero, publicó el domingo en La Voz de Misiones una columna sobre la docencia rural a partir de este caso.

Habla estrictamente de Misiones, pero describe un régimen del trabajo docente rural que se reconoce enseguida, punto por punto, en la carta de Nancy.

El primer rasgo es el plurigrado. En una escuela de matrícula chica, un mismo docente trabaja a la vez con chicos de distintas edades y grados, lo que exige planificar propuestas simultáneas y diferenciadas.

Un informe del Ministerio de Educación de 2007 estimaba que alrededor del 80% de las escuelas rurales tenía menos de cien alumnos. La matrícula baja no abarata el trabajo pedagógico, sino que lo multiplica. Y sí, 2007 fue hace casi 20 años, ya vamos a explicar por qué el dato viejo.

El segundo rasgo es el traslado. Llegar a una escuela puede requerir hacer tramos de tierra, combinaciones de transporte y kilómetros a pie, y en épocas de lluvia el barro agrava todo.

 

Hay docentes que se quedan a dormir semanas cerca o dentro del establecimiento.

Es lo que le pasaba a Nancy: las lluvias hacían habitual que se quedara en la escuela, sobre todo en un fin de semana largo, y por eso su ausencia no despertó sospechas inmediatas.

La costumbre de quedarse, que existe porque el camino no se puede hacer, fue la misma que demoró la alarma. La familia asumió que se quedaba. Tampoco había demasiada señal, por lo que no se alarmaron cuando no se comunicó para avisarles.

El tercer rasgo es el más importante: la acumulación de funciones. En la mayoría de las escuelas rurales, docentes y directivos asumen tareas administrativas, de limpieza, de mantenimiento y de preparación de alimentos.

Muchas veces también hacen el trabajo que en las escuelas de las ciudades hacen las cooperadoras: consiguen materiales y alimentos mediante rifas, donaciones y colectas.

Para Bianco, el caso expone “lo terrible del discurso del sacrificio y la vocación y el apostolado por sobre nuestro rol como trabajadores y trabajadoras de la educación”.

Y agrega: “Se ha romantizado históricamente nuestras condiciones laborales precarias, como si ser maestra rural debiera ser una suerte de sacrificio y el femicidio de Nancy expone crudamente qué implica la romantización de esas condiciones de trabajo”.

 

Es una tesis incómoda pero precisa.

Un dato más, sobre la información misma. La falta de datos nuevos y sobre todo, la falta de datos a nivel nacional (por la federalización del sistema educativo) impide medir cómo evoluciona el problema de las escuelas rurales, su habitabilidad, su posibilidad de ser alguna de las muchas cosas que la precariedad les demanda que sean, y las condiciones de vida de quienes enseñan y aprenden en ellas.

No hay un registro actual de cuántas escuelas rurales carecen de agua, de señal o de personal, como en la 626 hasta que llegó Nancy.

 

El campo alrededor de la escuela

Corrientes es una provincia de tierra concentrada en pocas manos y Esquina figura entre los departamentos con más superficie extranjerizada, de acuerdo al Observatorio de Tierras.

A eso se suma la concentración en manos locales, que casi no se mide. El modelo de gran propiedad con población trabajadora dispersa es el contexto en el que se organiza la escuela rural de la zona.

La 626 está directamente dentro de una explotación agropecuaria. La escuela atiende a hijos de peones del establecimiento, y es una isla de propiedad pública en un mar de propiedad privada. Nadie entra si no se autoriza.

Ahí, la docente es efectivamente la única muestra del Estado en kilómetros.

En la mayoría de las escuelas rurales del NEA, la maestra es el Estado para los hijos de quienes participan de la cosecha de yerba mate y tabaco, de las tareas forestales y de la chacra. También para los alumnos que, sí, trabajan.

En las zonas rurales de la región, la tasa de trabajo infantil en niños de 5 a 15 años asciende al 24,3% (con una mayor incidencia en varones, que alcanza el 26,4%).

En un territorio donde la mayor parte del trabajo está sin registrar, la maestra también es probablemente la única trabajadora del lugar con estatuto y un sindicato nacional detrás.

Este dato explica por qué el sindicato docente aparece, en este caso, como el único capaz de moverse.

Bianco hace una lectura política que va más allá de la provincia. Sobre el gobierno de Corrientes habla de “una desidia y una política de ajuste respecto a la educación, en particular hacia las compañeras que ejercen trabajo en escuelas rurales”.

Y amplía el marco hacia el gobierno nacional: habla de “una construcción simbólica por parte de Milei, que además eliminó la paritaria nacional docente, que deslegitima permanentemente nuestro trabajo, y que dice que violencia de género no es un tema”.

Para ella, la visibilización de este caso “expone la desidia del Estado en relación a nuestras condiciones laborales”.

De la mano de Bianco y referentes provinciales y nacionales, CTERA exigió a los gobiernos de Corrientes y de la Nación que asuman las responsabilidades que les corresponden frente a la precariedad, el aislamiento y la desprotección en que Nancy desarrollaba su tarea.

También pidió una investigación exhaustiva, transparente y sin demoras el sindicato provincial, SUTECO.

Sobre cómo se llegó al paro, Bianco lo cuenta como un proceso: “una vez conocida la noticia y después de una campaña enorme de visibilización a nivel nacional, de movilizaciones del sindicato docente de Corrientes, del acompañamiento de la CTERA, hoy impulsamos el llamado a paro nacional docente”, resume.

 

Por qué el paro

El argumento habitual contra una medida como la de hoy supone que existe una zona de lo laboral, donde parar es legítimo, y otra de lo político (sí, así separado), donde no.

El caso de Nancy muestra que esa delimitación no se sostiene. Cada medida de fuerza por algo que no está en la agenda salarial mueve el límite de lo que se puede reclamar.

La jornada de ocho horas, la regulación de los accidentes de trabajo, el descanso semanal, estuvieron alguna vez fuera de lo que se consideraba materia laboral, y entraron al campo del trabajo porque se peleó para que entraran.

En Argentina hay antecedentes claros, protagonizados por la misma CTERA, como en 2007, cuando hizo un paro nacional tras el crimen del docente neuquino Carlos Fuentealba, y las jornadas del 8M y de Ni Una Menos que mostraron que el reclamo por la violencia de género también es de las trabajadoras.



En términos estrictos de organización sindical, mientras la federalización de las discusiones paritarias cumple con el cometido de fragmentar el conflicto, el paro de ayer fue una de las pocas ocasiones en que la confederación actúa como un solo cuerpo y en que el empleador estatal aparece completo, en todos sus niveles: la escuela, la provincia, la Nación.

El trabajo de organización sindical depende de que los trabajadores se conozcan y se vean. Eso es complicado en contextos rurales, con las condiciones de las que ya describimos. “Esta jornada nacional es un momento en que esa maestra habitualmente borrada aparece contada. Ahí el paro no solo expresa una conciencia colectiva previa, también la fabrica, porque pone en contacto a personas que el sistema mantiene separadas”, apunta Bianco al respecto.

Queda separar dos preguntas. Quién mató a Nancy es una pregunta penal.

Por qué estaba donde estaba, sola, sin señal, en una escuela que nadie supervisó por años, es una pregunta laboral y política que deben responder todos los niveles del Estado.

El paro de ayer se hace cargo de la segunda y por eso es materia estrictamente laboral y de la organización de los trabajadores, aunque nos quieran solamente hablando de plata, y a veces, ni eso.

 

Gentileza de: la nueva poesia,  CLARA ALBISU

https://lanuevapoesia.substack.com/

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